REPORTAJE- Alcurrucén: el sueño de los Lozano

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JAVIER FERNÁNDEZ-CABALLERO / FOTOGALERÍA: LUIS SÁNCHEZ OLMEDO


La gélida Mancha extiende sus brazos sobre todo aquel y aquello que se ponga por delante. No tiene piedad. No se le escapa ni un poro este invierno, no se le hace chico ni un resquicio y ni una mosca se le va viva. El frío manchego es una losa. Es un paredón impío contra todo aquel ser viviente incapaz de soportarlo. Esta tierra es así: de estufa de encina en enero y de fresco amanecer pero fuego vivo al atardecer en verano.


En ese ambiente y entre la imperial Toledo y la alfonsina Ciudad Real yace la finca El Cortijillo, sueño ganadero de la familia Lozano. Pablo, José Luis, Eduardo y, en la lejanía, Manolo. Toda una vida dedicada al toro. En la taquilla, en el ruedo y en el campo. Íntegramente vivir por y para este espectáculo invirtiendo en él el beneficio que de él se ha sacado. Eso es amor pasional y no banal.


Y entre las encinas que ya fermentan la leña que en verano dará vida laboral a toda la comarca aparece Teo. Torero y mayoral en la plaza y fuera de ella. Durante toda la jornada tan sólo se quitó el sombrero que le da talla al hombre y al hierro en una sola ocasión: para limpiarse el sudor. Vive con él porque vive por él: vive por el rito, por la liturgia taurómaca de los profesionales de antes, por la bendita locura de dedicarse al campo que más ama. Y al animal más bello del mundo. Ese y así es Teo, el hombre que vive por el toro de Alcurrucén.


Por encima del bien y del mal porque la vida le ha enseñado a Teo a no querer el futuro sino a vivir el presente. Atlético y en forma. Catorce kilómetros diarios recorre la persona que da vida a una camada que dará gloria en seis meses a toda la afición de España. De los "viejos” mayorales con alma jovial. Una auténtica eminencia en el campo bravo. Amaneceres y amaneceres han pasado sobre él con la esperanza de ver vibrar a una plaza con el producto genético que durante un lustro ha mimado en cada salida y puesta del Sol de La Mancha: sólo sus pupilas conocen la verdadera belleza del campo bravo. Ni siquiera el torero, porque él los ha visto más cerca. Los ha tocado. Los ha visto nacer, crecer e incluso se le han saltado las lágrimas en alguna ocasión cuando uno de indulto ha tenido que entregar su vida injustamente en la plaza. Esto es así.


Y Teo nos enseña la finca que nos explica el ganadero: hablar con Eduardo Lozano es encontrar, siempre, un nuevo resquicio desconocido y valioso para comprender el toreo en la actualidad. Como empresario y como ganadero lo ha sido todo, como alma torera sigue dando lecciones y, lo más importante: cree en el prometedor futuro del toreo a pesar de sus años y sus batallas. No se toma el ataque presente como una cuesta abajo sino todo lo contrario, como el más difícil reto que, con gallardía, está superando el sector. Como una Biblia de Cúchares abierta, sólo pregunto lo imprescindible. Y lo cuenta.


Sobre el 2016, asegura que "nos han salido toros sueltos muy buenos, como el de Madrid o el de Bilbao, además de un promedio de corridas bastante buenos. Pero las ganaderías son así. Nosotros tenemos desde hace bastantes años un nivel con el que estamos contentos. La ganadería tiene que ir buscando promedio positivo, tienen que salir igual que en los tentaderos, donde salen vacas buenas y malas. Hay que buscar el promedio de que por lo menos ese toro no sea una alimaña, sino que sea toreable. Las figuras con esos toros cortan orejas en todos sitios”, asegura.

Sobre el presente 2017, en el que ya tienen preparadas dos corridas para Madrid, una para Bilbao, y otras plazas como Vic-Fezensac, asegura que "en 2016 hemos lidiado dieciséis corridas de toros, además de ocho novilladas y algunos novillos sin caballos. Estos años llegamos a lidiar más de veinte corridas de toros, pero el negocio no está como para tantas cantidades. Tenemos asumidas entre quince y veinte corridas en la actualidad”,rubrica Lozano.

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