Gonzalito, por encima de "su sanchidad" y la "new yihad" de Las Ventas

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EDITORIAL PROGRAMALA DIVISA DEL 11 OCTUBRE 2021


Gonzalito, por encima de "su sanchidad" y la "new yihad" de Las Ventas


Estos días son adversos y turbulentos para el sector de la tauromaquia. Por un lado, la marginación del gobierno que ha hecho con el sector de los toros: en cuanto al bono cultural. Por otro, el incívico comportamiento de un sector del público de Las Ventas, que, por cierto, la van a convertir en una plaza de carros. Ya no es solamente el 7, que tiene algunos integrantes viejos, antiguos, veteranos. Si no, también, el vivero peligroso que está creciendo entre chavales jóvenes de las gradas y andanadas del tendido 5 y 6.

Pero, no quiero darles el protagonismo que, tanto unos como otros, pretenden.


En este editorial, quiero centrarme en otro hecho luctuoso, para la fiesta, de estos días: la muerte de Gonzalo Sánchez Conde “Gonzalito". Gonzalito fue algo más que un mozo de espadas, ayudando a toreros cuando empezaban. Y, también, siendo apoderado y mozo de espadas de Víctor Mendes.


Por ello y en recuerdo de Gonzalito, le he pedido al maestro portugués que haga una semblanza de quien fue su hombre de confianza durante tanto tiempo. Sobre todo, una semblanza desde el punto de vista humano. Como rezaba la tarjeta de visita del popular Gonzalito, era: toros, jamones y cante. Esta es la semblanza de Víctor Mendes:


“Gonzalito era y es el ejemplo del taurino eterno. Con su muerte de alguna forma y con los de su generación se cierra un ciclo romántico de la fiesta de los toros. También, fue un ejemplo del taurino, después de la Guerra Civil. Con esto quiero decir que, Gonzalito, con las dificultades que había, era un hombre que vivió muy de cerca de las figuras del toreo; primero, como había convivido de mozo de espadas. Después, emigró a Barcelona, cuando el ambiente taurino era extraordinario.

Gonzalito era un hombre con picaresca, con gracia, con inteligencia y nobleza. Con estas cualidades, atraía a la gente más popular. También, tenía mucha gracia natural, se hacía presente y te ayudaba, cuando lo necesitabas. Además, le encantaba el flamenco, cantaba y cocinaba. Además, - entre risas- entendía de negocios de jamones, lomos…

En resumidas cuentas, era un tío carismático. Y, después, de lo que fue desarrollando a lo largo de su vida, se hizo un mozo de espadas cabal, a la antigua usanza. Entendía mucho de toros y todo el mundo conocía a Gonzalito. Es una pena que se haya ido porque tenía 89 años.

Tristemente, hablando con sus hijas, se murió porque se cayó y sufrió una conmoción cerebral”.


Hoy, hemos dado prioridad a un taurino cabal: Gonzalo Sánchez” Gonzalito". También, que no crea el “sanchismo" y ese público incívico, que convierte cada tarde Las Ventas en un bochornoso pueblo y plaza de talanqueras, que no nos hemos olvidado de ellos. El próximo lunes, hablaremos del gobierno. 




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