Arturo Macías reapareció en Pachuca tras la cornada en el cuello

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POR MARYSOL FRAGOSO


El matador Arturo Macías, reapareció el sábado 25 de noviembre en la plaza Vicente Segura en Pachuca, Hidalgo, tras la grave cornada que sufrió en el cuello y que pudo haberle costado la vida, el pasado 21 de octubre en la Monumental de Aguascalientes. Luego de haber remontado el gravísimo percance, el torero, en su vuelta a los ruedos, cortó tres orejas en el marco de una corrida charro-taurina en la que se lidió un encierro con toros de Pastejé y Real de Saltillo.


Durante esta conversación, se abrió de capa y confesó los momentos íntimos del percance, la revolución que tuvo en su mente y corazón al saber que más que nunca se jugó la vida.

“Sabía que tenía una cornada muy grave”, dijo con la voz quebrada y los ojos irritados, al contener las lágrimas que amenazaban con brotar de in instante a otro, “cuando salió el pitón de mi garganta, e intenté respirar, la sangre que salía a borbotones no me dejó y temí por mi vida”, agregó, “me desvanecí pero no perdí la conciencia, a pesar de que la herida tuvo tres trayectorias, dentro de todo, tuve la suerte de que el pitón pasó entre la carótida y la yugular, aunque llegó hasta la pared inferior del paladar”.


“Cuando logré respirar de nuevo, no dudé en ir a torear porque era mi responsabilidad como matador de toros porque como yo entiendo el toreo es darle tu vida porque el amor que le tengo es muy grande”.

Reveló que se vivieron momentos intensos en la enfermería porque los médicos no querían que regresara al ruedo porque se podía presentar una bronco aspiración y no iba a dar tiempo de nada…era el irme de esta vida. Decidí hacerlo y afrontar la consecuencia, porque si pasaba eso, prefería que fuera delante de un toro, haciendo lo que más me gusta en la vida; que encerrado entre cuatro paredes. Gracias a Dios, nada de eso pasó, pude salirme con la mía”.


Otra de las declaraciones que hizo fue: “Esos fueron los valores que me inculcó Antonio Corbacho y son los pilares de mi tauromaquia. Creo que en nuestro México la gente se queda mucho en el ‘ya merito’ y falta mucho compromiso en las profesiones. Esa fue mi manera, como mexicano, de entregarme al máximo a mi profesión y por eso maté a mis dos toros”.


Una de las preguntas rondó acerca del peso que jugó su familia en aquella tremenda decisión, “mi familia es lo primero y claro que pensé en mi esposa Esther y en mis hijos Lucía (seis años) y Arturo (3 años); porque los amo y son mi pilar, pero estoy tan enamorado del toreo que estoy dispuesto a por este hasta mi último aliento. Sabía que podría privarme de lo más bonito que puede tener un hombre, que es ver crecer a sus hijos, pero también fue una forma de enseñarles que hay que luchar por los sueños responsabilizarte de las decisiones que tomas. Estoy dispuesto a hacer lo que sea necesario para que el toreo se siga valorando en este siglo y este tipo de acciones marca diferencia con otros espectáculos porque en un ruedo se muere de verdad”.


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