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Ferrera, fuego mágico y compromiso a hombros en Cuenca

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JAVIER FERNÁNDEZ-CABALLERO


La última de la Feria de San Julián llegaba, en la tarde de este miércoles, a la plaza de toros de Cuenca con un cartel de máximos alicientes en el coso manchego: Antonio Ferrera, José Garrido –en sustitución de José María Manzanares- y Andrés Roca Rey frente a toros de Montalvo.


De 546 kilos era el primero de la tarde, con el hierro de Montalvo, al que Antonio Ferrera saludó con intentonas a la verónica sin terminar de estar a gusto frenta al astado, que expresaba su falta de fuerzas inicial defendiéndose con las manos por delante. Muy torero anduvo Ferrera sacando por delantales al toro del caballo. Se hizo de rogar en banderillas pero finalmente las puso, sacando motor un animal que brindó la público. Anduvo listo Ferrera mandando parar la música y haciendo el toreo callado que llegó con muchísima fuerza al tendido. Parsimonia, despaciosidad, entrega máxima del extremeño y supremo temple de un veterano en toda su sazón. Se lo pasó cerca cuando, ya aplomado el de Montalvo, no le permitía ni un solo error. Y tuvo que sacar inteligencia el matador para saber exprimir al natural al astado charro. Por ayudados por bajo se lo pasó en el epílogo muleteril para, espada en mano, y tras una larga faena, acusar el toro lo extensa de la labor y ponerse complicado a la hora de cuadrar. Un pinchazo y una estocada le valieron la oreja tras aviso.


"Hortelano", de 532 kilos, era el segundo de la tarde, un astado con el que José Garrido se puso directamente y sin probaturas a la verónica para conectar en el ramillete. Se le cuidó en varas y al público fue el brindis del pacense, pero la falta de fuerza del de Montalvo chafó la gran proposición de Garrido durante el trasteo. Prácticamente en la segunda tanda se le aplomó el astado charro y en ese momento fue un quiero y no puedo del joven, que se cruzó con garra y se los pegó con sabor cuando su enemigo se lo permitió. Encunado entre los pitones prosiguió José, pero tras el arrimón el toro no le ayudó siquiera a matar, dejando una estocada contraria y caída. Ovación.


Por verónicas de manos bajas entrelazadas con delantales y chicuelinas saludó Roca Rey al grandón sexto, un astado de 600 kilos de peso. La cara alta del astado no le importó para nada al peruano, que lo intentó en todo momento pasándoselo por ambas manos para lograr construir una faena en la que el toro no tuvo fuelle para llegar al final del viaje que le planteaba el matador. A mita de muletazo ponía la cara alta y echaba el freno de mano, por lo que la porfía de Andrés anduvo precisamente acertada por esa condición. Mató de media agarrada y un golpe de descabello. Ovación.

"Zamarrillo" llevaba por nombre el cuarto, segundo del lote de Ferrera, que tras el tercio de banderillas se partió un pitón con el burladero cuando ya estaba cambiado el tercio para la faena de muleta. "Despertino" se llamaba el cuarto bis, de Montalvo, animal de 604 kilos de peso al que Ferrera le sopló un alegre ramillete de verónicas y una garbosa media. Empujó en el caballo un animal mal picado al que el torero extremeño sacó de la suerte de varas por verónicas rematadas por una media abelmontada. Intermitente anduvo en el tercio de banderillas. En faena, y tras brindis al doctor Madero, debió tirar de imaginación para imponerse a la actitud de un animal venido a menos desde la segunda serie en redondo. Tras pasaportarlo por derechazos, se pegó un soberano arrimón toreando de uno en uno al natural. La porfía en el epílogo, sumado a los desplantes y la estocada en lo alto le valieron una nueva oreja.


Con un farol de rodillas en tablas recibió José Garrido al segundo de su lote, un quinto que fue bien picado y al que le recetó después varias verónicas de bella factura. De rodillas de hincó el torero para arrancar con garra su faena, pero la condición rajada del toro hizo que la voluntad fuese el ingrediente fundamental de la obra de Garrido. En su intento por llevarse a los medios del animal se lució por tandas con máxima voluntad a diestras, pero la pena fue que muy pronto cantó la gallina. También de hinojos se echó en un epílogo muleteril que tuvo que hacer en las mismas tablas por la descarada falta de bravura de su oponente. La lástima fue el pinchazo previo a la media agarrada y a los fallos de la puntilla, a pesar de ello paseó una oreja.


Al sexto también lo lució Roca Rey a la verónica y al relance se le vino al caballo, que protagonizó un tercio de varas que no gustó. En faena, se fue a terrenos de sol para comenzar a pies juntos una labor que tuvo mucha cantidad pero no la calidad que había demostrado en los últimos meses el matador peruano. Por ambos lados se lo pasó conectando con esa parte de la plaza ante un animal noble que tampoco terminó de romper. Un pinchazo, una feísima estocada y un golpe de descabello final hicieron caer al de Montalvo.


FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Cuenca. Quinta y última de la feria de San Julián. Corrida de toros. Más de tres cuartos de entrada en los tendidos.

Seis toros de Montalvo, correctos de presencia. Parado y deslucido el abreplaza; aplomado el segundo; con el freno de mano y la cara alta el tercero; devuelto el cuarto por partirse un pitón; de mortecina condición la del cuarto bis; rajado el quinto; noble pero sin empuje el sexto.

Antonio Ferrera: oreja y oreja.

José Garrido, ovación y oreja.

Andrés Roca Rey, ovación y silencio.

FOTOGALERÍA: JULIO PALENCIA

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