Curro Díaz y Joselito Adame cuajan la corrida de Victorino en Almería

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Curro Díaz, Joselito Adame y Juan del Álamo cerraban, en la tarde de este sábado, la Feria de la Virgen del Mar de Almería. Se lidiaba un cárdeno encierro de Victorino Martín para la ocasión.


Hubo más efectividad que lucimiento en el toreo de capote para recibir al abreplaza. Victorino con dulzura, nada tonto y con mejor viaje y calidad, por el pitón derecho que por el izquierdo. Curro brindó al cielo en señal de luto por el maestro Dámaso González y construyó una faena principalmente adiestras. Un quehacer donde se sintió el linarense, donde se palpó el regusto de sus muñecas y donde se masticó el toreo caro. Se abandonó Curro en una faena más, en los medios, donde la ligazón, el temple y la estética fueron realmente de muchísimo nivel, dignas de cualquier museo de arte. Un torero roto, un torero poderoso también en el mando en el cite y en la compostura, cuajando al toro con el pecho y con una muñeca realmente templada. Siempre mejor por el derecho, puesto que por el izquierdo el toro media, probaba y buscaba. Y también cuajo naturales sin apretar en la continuidad pero sí con longitud de trazo y exigencia, además de bellísima planta. Se escapó en un par de ocasiones por ese pitón e incluso resultó volteado sin consecuencias. Mágica obra ante un buen Víctorino Martín que remató de espadazo. Bravo y con clase el primero que fue muy aplaudido en el arrastre. Dos orejas.


El segundo de la tarde salió embistiendo de forma brusca queriendo coger el capote con las manos. El hidrocálido le planteó una de lidia capotera a la antigua usanza, sobre los pies, cambiándole los lances por cada pitón constantemente y rematando casi en el otro extremo de la plaza. Hasta el otro tercio llegó Adame para rematar con garbo el saludo añejo. Toro al que hubo que enseñar a embestir y que fue agradecido porque todo se le hizo bien. Siempre a favor y siempre consintiéndole, lo que ayudó a romper a otro buen Victorino. El de las Tiesas quería todo por abajo con fijeza, entrega, recorrido, humillación y obediencia, además de mirar por encima antes de acometer. Todo fueron virtudes pero mucho más las tuvo el mexicano para sacarle todas esas cosas. De ahí, que la importancia en su quehacer fue mayúscula y la torería en plasmarla de igual diapasón. Muy bien Joselito que demostró su enorme sapiencia y el porque de su gran estatus. Espadazo y oreja que vale por dos.


Surgió la compostura en el recibo al tercero. Este Victorino era un claro prototipo de la casa ganadera, largo de cuello, cornipaso, bajo, sin demasiados kilos que estuvo bien presentado y muy bien hecho. También se le hicieron las cosas a favor en la lidia pero cambio durante la misma. Juan del Álamo brindó al cielo. El salmantino toreo a su primero olvidándose del hierro y planteó una faena como su fuera de otro encaste. Mostró sus buenas formas ante un toro que embistió dormido pero mirando de reojo y muy en línea. Fue un trasteo con estructura por ambos pitones pero careció de mando. Hubo más suavidad y en detrimento de la imposición. Estocada en buen sitio y oreja.

El cuarto fue un regalito que planteó muchas dificultades. Toro con guasa que se revolvía con las manos y que soltaba la cara en cada embroque. Curro que además de torear con mucha prestancia cuando se resbalaba el Víctorino lo lidió con eficacia. Lo intentó domeñar pero resultó imposible. Esfuerzo sin recompensa ante uno de solemnidad.

El quinto fue un toro que no quería continuidad y de haberlas protestaba. Este, que pedía tiempo y amplitud de terrenos, es lo que le dio Joselito. Un toreo con capacidad y empaque además de mucha confianza en su muleta. El hidrocálido pleno de confianza realizó un trasteo de uno en uno pero con mucho sabor. Le puso la transmisión que le faltó a su antagonista, un toro con movilidad pero "ni fu ni fa" ni bueno ni malo, un manejable aunque algo sosote. Faena por ambas manos con notoriedad y nuevamente de amplio registro. Oreja que suma para la Puerta Grande.

El sexto, único negro de la corrida, no quiso romper para adelante. Le faltó poder al cierraplaza que lució una embestida corta y sin entrega. Iba por allí persiguiendo la pañosa pero sin empujar de verdad aunque con nobleza. Echó el freno y punto pero sin alargar nunca el cuello a pesar de entrar andando el desarrazado. Juan del Alamo estuvo con porfía y oficio pero resultó imposible caldear más el ambiente. Correcto sin más ante semejante astado. Silencio.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Almería. Última de la feria de la Virgen del Mar. Corrida de toros. Menos de media plaza.

Seis toros de Victorino Martín.

Curro Díaz, dos orejas y ovación.

Joselito Adame, oreja y oreja.

Juan del Álamo, oreja y silencio. 

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