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Ponce: "Bilbao es mi idilio, esta doble tarde me ilusiona como si fuera la primera"

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Ha sido un auténtico acontecimiento por todo lo que ocurrió en la plaza de toros de Málaga. Hasta ahora sabíamos muchas cosas de la trayectoria de Enrique Ponce: que se inventaba toros, que se inventaba suertes, algunas las reciclaba y las adaptaba… pero no sabíamos que se inventaba espectáculos completos. Así nació Crisol. Nos pilló a todos por completo, hasta que digerimos poco a poco hasta que desde lo que ocurría en el ruedo en el tendido, terminamos por comprar el espectáculo. Enrique Pone, buenas noches.


Buenas noches.

Te inventas toros, suertes… y ahora un espectáculo.


Es una idea que nace románticamente en un principio. Es algo que si supieras todo el follón que conlleva en cuanto a su organización, a lo mejor hasta no merece la pena. Se hace por ese amor romántico que siento por el toreo y por tratar de buscar algo más profundo. Nunca me he aburrido. Esta idea surge hace dos años. El año pasado estuvimos a punto de hacerlo en algún sitio, al final no se pudo, pero yo sí tenía fe en ello y creía. Pienso que forma parte de una de las expresiones artísticas más bellas. Juntar la tauromaquia con este tipo de música, con una soprano que participa en el espectáculo, además de figuras como Estrella Morente o Pitingo.


Queríamos la máxima calidad como norma, no precipitándonos, ni haciéndolo a la ligera como en algunos casos se ha podido imitar. El espectáculo Crisol by Enrique Ponce es otra historia, algo que lleva una gran calidad con una preocupación porque todo esté bien organizado dentro de las dificultades que ofrece la improvisación de una corrida de toros… y luego sale el toro y es otra película. Hemos tratado de tenerlo todo organizado desde el punto de vista de los temas que se tocan.


Es algo diferente dentro de una magnitud artística tremenda. Esto no se pretende hacer todos los días, es imposible organizarlo muchos días. Cositas en momentos determinados donde se puede hacer y la tauromaquia coge una dimensión artística sublime y fuera de lo normal. Gracias a Dios salió redondo. La gente se emocionó no sólo en la plaza sino en televisión, la realización fue estupenda y todo el mundo lo disfrutó muchísimo. Lo que se vivió en la plaza, ese ambiente, fue realmente maravilloso. Estamos muy contentos por cómo salió todo.


Te ha costado una pasta importante.


Tampoco he ganado. No me ha costado dinero, pero tampoco he ganado. En un mano a mano convencional, hubiera ganado más. En la vida no todo es el dinero, yo eso lo tengo clarísimo. Por eso he empezado diciéndote eso. Por amor al toreo, al arte, buscar y dar la dimensión que pienso que el toreo tiene en sus entrañas y que a veces cuesta comprender. Por ese motivo hemos hecho esto. Además, se hizo mano a mano con Conde, que se ha involucrado muchísimo en toda la realización y producción del espectáculo. Fue un compendio completo, una de esas corridas históricas que nos merecíamos por el esfuerzo tratando que esto viera la luz.


La corrida fue histórica precisamente por la novedad. No me planteo siquiera si los toros no hubieran embestido, pero habría un plan B.


Le hemos dado mil vueltas a todo eso. No es un plan B fácil. Si no embisten los toros, se va al carajo. Pero en una corrida normal también va todo al traste. En este caso, el espectador va a disfrutar de momentos en el que van a cantar, y tiene que ser una gran debacle si en algún momento no suena ninguna pieza. Si no han embestido los toros, que puede pasar en una plaza de primera como Málaga, se contaba con eso. Me tranquilizaba a mí mismo y me decía que si no embiste la corrida, igual que en una corrida normal, no suena ningún pasodoble. Eso es el toreo, por eso en Crisol, el toreo, la esencia de la Fiesta, se mantiene viva y en su máxima pureza. Crisol es una aportación más, un plus. No estamos saliéndonos de la esencia de una corrida de toros, sino aportando algo más por si pasa lo que decimos, que no embiste ningún toro.


Pero embistieron los toros, por lo que corrida histórica.


Fue una tarde preciosa de principio a fin. Todos los toros no fueron buenos, pero entre todos hicimos posible que el toro que embestía un poco menos pusimos de nuestra parte. Javier se llevó el peor lote, más agarrado al suelo, y él los lució. En esos momentos en los que sonaba la música surgía esa magia que buscamos. Lo que pretendíamos era eso. La perfección de una faena alto, que fue la del quinto, pero es algo que pasa en contadas ocasiones. Lo bonito del toreo es poder vivir momentos en los que esa percepción se pueda alcanzar. De repente, surge una tanda extraordinaria. Eso se vivió en los seis toros.


El quinto fue un toro extraordinario al que indultas, ¿por qué no te dio el rabo?


Parece que es de ellos. Qué mal le hará dar el rabo o no darlo. Cuando uno indulta, se le da el rabo. No pasa nada.


Además con la dimensión que tuvo la faena, la variedad, la improvisación, las poncinas…


El presidente tuvo la sensibilidad de indultar el toro rápido. Hay otros que empiezan a que sigan toreando. En esta ocasión no. El presidente tuvo sensibilidad y lo vio claro. Sacó el pañuelo convencido de ello. Eso también es de mencionar y de agradecer, la sensibilidad que tuvo para sacar el pañuelo naranja.


Y una tarde bien con la espada, ¿cómo bautizamos lo del capote como epílogo de una faena de muleta?


Es una poncina con el capote. Ya llevaba año y medio detrás de ello. Incluso lo he puesto en mis redes sociales. Le llamo la poncina con el capote, como una tafallera. Le puse eso. De repente surgió en el campo. Es muy difícil, la verdad. Es complicado porque no es para hacerlo en un quite a lo convencional, después de un segundo puyazo, sino que tiene que estar el toro aplomadito, y tiene que ser templadito. Tiene que ser en circunferencia, cambiando la flexión de la pierna izquierda a la derecha. Surge en el campo. Después de la faena de muleta, surgió. El toreo son momentos y esas cosas son bonitas y tienen un punto de magia que sobrepasa todo. Nosotros entrenamos mucho, vamos juntos al campo y tenemos una complicidad muy buena. Cuando tentamos, nos intercambiamos las vacas. Por eso me acordé. Esa conjunción fue lo que hizo especial todo.


Para archivar, los que la tenemos grabada en la televisión.


Y dentro de lo que estamos hablando. Fue un mano a mano con dos toreros que se tienen un cariño especial por todo lo que hemos hablado, pero por eso mismo hay una rivalidad aún mayor. El primer toro suyo salió muy frío de salida, y yo hice el quite. Luego llegó al toro mío y le pegó cuatro lances de bandera. En esas cosas eso es lo bonito del toreo.


Disfruté una barbaridad.


Y aquí para torear bien no hay que estar mirándose como si te fueras a pegar. Eso pasa también, pero también pasa como yo me acuerdo con el maestro Manzanares, con el que tenía una relación fraternal, y cuando toreaba con él le miraba y le decía, mira maestro. Y le pegaba un quite por chicuelinas que lo reventaba, y yo decía, ole tú. Son cosas que pasan también.


Yo estoy satisfecho, encantado con lo que vi. Esa faena es de las grandiosas quinientas que tienes en tu currículum.


Es la mejor porque ha sido la última. No la olvido por varias circunstancias. Fue una de las faenas importantes en su conjunto. Y el privilegio de poder torear cantándote Estrella Morente, que eso suceda en una plaza de toros como pasó en Málaga, cómo cantó, cómo llegó esa conjunción a su compás de su voz a la vez que yo toreaba ese toro. Era como un sueño. Eso cogió una magnitud que va mucho más allá de una faena buena. Eso jamás lo olvidaré.


Además con la carga de profundidad artística tremenda. Ese fue el momento culmen del Crisol.


A mí me encantan los pasodobles, me gusta la música en todas sus vertientes, pero estas son cosas de espectáculo que se puede hacer en muy contadas ocasiones y verlo como algo especial. A mí me encanta cuando suena un pasodoble bonito, que no lo haya escuchado cien mil veces.

O un bolerito para arrimarse.


Cualquier música puede encajar con el toreo y cualquier música no puede encajar con el toreo nunca. Ese es el gran misterio del compás que tiene que haber en esa música. Que compagine con la forma de torear, con el toreo. Cualquier bolero podría servir y cualquiera no sirve, porque vaya descompasado totalmente. Los pasodobles que nunca los has escuchado no te llegan. Acuérdate de Nerva, cuando empezó todo el mundo queríamos que nos lo tocasen, y ahora tienen que tocarlo muy bien para que te llegue. Concha Flamenca, Ópera Flamenca… que son los pasodobles que más te transmiten por lo bonitos que son y porque van acompasados en el toreo.


Viernes y sábado en Bilbao. Con la máxima ilusión y con la idea para que caiga otra nueva PG a pesar de don Matías.


Voy con muchísima ilusión. Es de sobra conocida la relación Ponce-Bilbao. Llevo más de sesenta tardes y volver a la plaza en la que siempre he mantenido un cariño especial. Fue la plaza que me lanzó en el año 91. Creo que además llego en el mejor momento, en un momento extraordinario artístico como de moral. Ese es un punto a favor. Lo veo muy claro delante del toro. No tengo dudas. Llego en un gran momento a Bilbao. Ojalá sea una de las ferias en las que pueda dar toda la dimensión de mí. 


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