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El fondo de Beltrán y las formas de Henche destacan en Madrid

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Una novillada con picadores era la propuesta del penúltimo sábado del mes de agosto en la primera plaza del mundo. A las nueve en punto de la noche arrancaba el paseíllo en el que tomaban parte Fernando Beltrán, Daniel Crespo y Adrián Henche. Un encierro de Condessa de Sobral se lidiaba.


El burraco primero, un serio animal de Condesa de Sobral, se movió con mucho desorden en los primeros tercios, llegando al peto a cabezazos pero sin escupirse nunca. Y mantuvo el desorden en la muleta en un trasteo al que le faltó estructura en un principio. Hasta que se echó la muleta a la mano izquierda, con la que se le vio más seguro y también más fijo al animal. Pero un desarme inoportuno volvió a llevarlo todo al caos hasta la suerte suprema, donde tampoco anduvo fino Fernando Beltrán. Silencio tras aviso.


Devuelto fue el segundo por flojo para que saliera un jabonero de bonitas hechuras que fue protestado desde el inicio por su falta de fuerza y pudo haberse devuelto por la misma regla de tres que el titular. Daniel Crespo le cogió el pulso muy bien al animal, y quiso trazarle con gusto, pero el conjunto careció de la importancia debida porque entre que el novillo no podía y que que era sosísimo en las embestidas, no hubo peso en la faena. Falló, además con el descabello y escuchó silencio tras aviso.


El salpicado tercero, tan bonito como mosqueado, saltó al callejón nada más salir y ya no dejó que nada estuviese quieto. Tuvo empeño Adrián Henche en llevarlo por rogerinas al caballo, derribó al picador y le pegó una cornada al caballo de picar. Y cuando todo parecía evidenciar que no embestiría, le dio por sacar temple en la embestida para que se confiase Henche en un inicio por estatuarios, con un cambio por la espalda para meterse al público en el bolsillo. Luego lo toreó con mucho gusto y con mucho temple, en una labor que aprovechó la repetición noble del animal, con mucho ritmo y media humillación. Tuvo acople Adrián, pero a la quinta serie se apagó el animal. Lo pinchó, falló con el descabello y aún así saludó una ovación.


El jabonero cuarto tuvo su guasita en las telas y también su secreto, porque tardaba mucho en llegar al embroque y tenía el vicio de puntear las telas, por lo que había que esperarlo, consentirlo y cogerle el pulso con rapidez. Le faltó humillación, pero le supo tragar Fernando Beltrán con mucha fe hasta que consiguió enjaretarle una serie de muletazos meritorios, con un animal que terminó obedeciendo. Lo mató con brevedad y escuchó una ovación.

El de Mercedes Figueroa que salió quinto, al correrse turno en el segundo, también fue un novillo bien presentado que manseó un poco en los primeros tercios y salió suelto. Esperó una barbaridad en banderillas y se lastimó la pata izquierda nada más comenzar la faena de muleta, por lo que tuvieron que sacrificarlo, dejando en silencio a Daniel Crespo.


El sexto tenía poder y quería hacer bien las cosas, pero tenía la exigencia de perfección en las telas que tenía delante. En colocación, en sitio, en distancia y en todo, porque si no te ganaba la acción, o se metía por dentro o arrollaba. Fue un novillo importante con el que no siempre halló Adrián Henche, que torea poco, la perfección que le exigía el animal. Por eso fue un toma y daca, entre el uy y el ole, sin sensación de conjunto; con algún muletazo bueno, pero pasando apuros en otro. Pero fue suficiente para que el chaval se robara una vuelta al ruedo en Madrid tras una faena muy irregular.


FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Las Ventas. Novillada con picadores estival. Un cuarto de entrada.

Novillos de Condessa de Sobral.

Fernando Beltrán, silencio tras aviso y ovación.

Daniel Crespo, silencio tras aviso y silencio.

Adrián Henche, ovación tras aviso y vuelta al ruedo.

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