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Pablo Atienza: "Necesitaba Madrid porque no tenía nada, nada... y me ha dado la vida"

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Fue el pasado sábado la final del certamen de novilladas noctunras de Las Ventas. Un novillero segoviano logró cortar una oreja a un novillo santacolomeño de Ana Romero. Se erigió como uno de los nombres fundamentales del escalafón menor. Pablo Atienza, buenas noches.


Buenas noches.


¿Cuál es la primera sensación después de cortar la oreja? ¿Ha sonado ya el teléfono?


Anunciarme la primera tarde en Madrid fue fuerte. Era mi debut con caballos en España. Sólo había toreado en México. Graccias a Dios la primera tarde no me pesó nada la plaza, estuve disfrutando y para todos los que queremos ser toreros es un objetivo importantísimo. Conseguí clasificarme para la final. La afronté tranquilo, como si llevase por detrás muchas novilladas más y me dio moral conseguir cortarle la oreja al primero. La pena ese segundo novillo, al que le pude arrancar otra oreja. Contento porque de la nada conseguir dos tardes importantes en Madrid es algo difícil y ojalá que me sirva para este año. Ojalá se me abriesen más puertas y todo se quede un poco más llano para entrar en las ferias de novilladas, en los sitios de repercusión.


¿Cómo fue la faena al primer novillo? ¿Cómo captaste sus virtudes y cómo afrontaste tu faena al cuarto sabiendo que estaba entreabierta la PG?


La verdad que el primer novillo lo vi con cosas buenas. Fiel a este encaste, el público se metió mucho en la faena. El tratamiento de Madrid es así. Le planteé faena desde el primer momento y es la única forma de que el aficionado se meta en la faena. Pronto me salí para afuera con el toro porque le vi opciones. No tenía que tocarte los trastos y tenías que estar pendiente, por la exigencia del encaste. Creo que le pegué muletazos buenos. Le perdí pasos al principio y luego le conseguí ligar. Fueron dos faenas cortas. Además, le pude cortar la oreja.


El segundo novillo tenía que salir a por todas y pensar que fueron momentos en los que tenía una oreja y tenía que salir con una responsabilidad enorme. Dejé el toro largo en el caballo y fue bonito el cariño de la afición. Lo dejé un poco más lejos para que lo vieran en el caballo y sentí la entrega de la gente. Me fui a los medios y le planteé faena desde el primer momento. Era un toro exigente pero con movilidad, sacó el temple que tiene lo de Santa Coloma y transmitió. La pena es que tras las bernadinas intenté ponerle todo y se me cayó la espada abajo. Si no, hubiese tenido más petición. Hubo algo pero la espada cayó muy baja.


Es precisamente el circuito al contrario: ir a Madrid para ir a los pueblos después. Una lástima, además, que se hayan cerrado ya las ferias novilleriles de septiembre.



Me hice torero en la escuela taurina El Espinar de Segovia, y al cerrarla me busqué la vida en la escuela de Moralzarzal. Luego terminé mi etapa en la Fundación del Juli. Allí conocí a dos mexicanos, uno de ellos el matador de toros Héctor Gabriel, que me abrieron las puertas para torear en México. Esos fueron mis inicios. Aquí estaba la cosa muy difícil. Me costaba casi el dinero torear. Decidí que no era el camino correcto, aguanté mucho, me fui a Salamanca a vivir y decidí finalmente prepararme como si tuviese cincuenta novilladas firmadas. Una preparación intensa. He toreado mucho y por eso he decidido ir a Madrid. Fue una apuesta muy fuerte que salió bien. 


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