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Histórica superioridad de El Juli con un rabo en El Puerto

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EMILIO TRIGO / FOTOS: EVA MORALES


Morante de la Puebla y El Juli trenzaban en mano a mano el paseíllo en la tarde de este domingo, el más taurino de todo el año, en la Plaza Real de El Puerto de Santa María. Un escenario mágico y una afición que respondió para ver lidiar los toros de Núñez del Cuvillo y Santiago Domecq.


El primero, un jabonero bien apretado no terminó de rebozarse en el capotito de Morante. Entre el fuerte viento de Levante y la embestida sosona, aguaron el sentir capotero del sevillano. Un 'varita' justa y a otra cosa que el abreplaza mostró que estaba justito de poder. Prosiguió el viento sin aflojar y continuó el toro 'yendo' de un lado a otro a su aire, sin que Morante le cogiera el 'aire' a la embestida del noblón que abrió su lote. Incomodo el cigarrero que muleteó a su oponente sin ilusión alguna. Apatía ante uno sin definir en la muleta. Silencio.


El segundo de la tarde pertenecía al hierro de Santiago Domecq. Un toro enmorrillado, de manos cortas y gran badana al que El Juli cuajó un buen tercio con el capote. Hubo variedad y expresión. Al igual que en el quite a pesar del vendaval. Se cuidó en varas y brindó posterior el madrileño al respetable. Seis años sin estar en la Plaza Real y venía a reventarla. El de Velilla de San Antonio regresó con un registro nuevo en su tauromaquia, aunque con los pilares de siempre. Exigencias, capacidad, sabiduría e inteligencia, además de buen gusto, temple y estética. Julián ahormó una faena titánica, cumbre en belleza, expresión y ligazón sin dar nunca un tirón y toreando con la barriga. Lugar del cuerpo donde amasan las figuras su cetro. Enorme el madrileño ante un extraordinario toro que duró hasta el final y que tuvo bravura, entrega y clase, como para no ir al desolladero. Dos orejas ante un gran toro de vuelta al ruedo.


El tercero de la jornada era de Cuvillo y pareció un 'déjà vu' del abreplaza. Un Morante en actitud desganada y desentendida ante uno del Grullo que no se comió a nadie. El de la Puebla del Río, mostró poca ilusión ante el segundo de su lote y estuvo más pendiente de los avíos y del Levante que de componer de verdad. Después a mitad de labor quiso justificarse con un muletear más acompasado pero tan sólo fue un espejismo entre desgana. Silencio.

Antes de la faena al cuarto hay que resaltar la lidia de Álvaro Montes y los pares de José Mª Soler, además de seguir el omnipresente vendaval. Julián domeñó la picante embestida del cuarto y también de paso templó hasta el viento. El madrileño firmó ante este otro registro distinto al anterior. En este trasteo toreó con media muleta puesto que la otra la llevaba arrastrando el albero. Le tocó las teclas al bravucón, le consintió también y terminó aflojándolo hasta decir basta. El de Domecq quiso rajarse al final sucumbido ante tanto poderío de su matador. Estocada arriba y oreja a la sabiduría de Julián.


El quinto también de Cuvillo de fue al desolladero sin definir. Un atado que se movió sin demasiado celo pero no fue tan malo como para tan inocuo comportamiento con él. Nuevamente se vio a un Morante dubitativo, precavido y sin ganas de torear. Fue la tónica general de José Antonio en toda la tarde y este noiba a cambiar. Tan sólo en su haber un par de lances después de infinitas probaturas. Ni lo vio ni quiso verlo. Pitos.


El sexto tenía mucho dentro. Un toro encastado y con transmisión en su acometida. Frente a el un torero "todopoderoso" que toreó con todas las tauromaquia pasadas cerrando con su particular estilo. El Juli sacó la raza que lleva en el estómago y formó un enorme gazpacho. Histórico lo de Julián en la Plaza Real ante el agradecido que cerró la temporada a pie. López se explayó con el capote en todo su completo manejo. Recibo, galleo y quite que encumbraron un estilo con el percal tan único como extraño. Casi imposible torear más ceñido y con más poder en cada reunión. Hasta Eolo entregó las armas. Brindó Julián al respetable para terminar de meterse a todos en el bolsillo. Magistral el planteamiento de faena del madrileño que poco a poco fue cono una apisonadora. Un rodillo constante de toreo aderezado con una muleta sin parangones. Demostración de figura histórica sin límites en su horizonte. Nada puede con este Julián que muleteó con tanto poder y gusto que nadie es capaz de rechistar un aprecie. Ligazón, temple y mucho mucho valor para aguantar las miradas de su antagonista. Toro agradecido pero no fácil y con mucho carbón dentro. Faena siempre a más y refrendada con espadazo fulminante. Dos orejas y rabo para la historia de la tauromaquia.


FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de El Puerto de Santa María, Cádiz. Quinta de abono. Corrida de toros.

Toros de Núñez del Cuvillo y Santiago Domecq.

Morante de la Puebla, silencio, silencio y pitos.

El Juli, dos orejas, oreja y dos orejas y rabo. 

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