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Tercer toro de Garcigrande para Talavante. Silencio para el extremeño.

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Alejandro se fue de la plaza con la sensación de no haber estado. Su lote no le regaló ni una embestida. Muy malo los de Morante y peores aún los de Talavante. El tercero salió mirando al tendido sin codicia, dormido, con poco gas. Alejandro recogió al tercero con buen criterio capotero. Unas pinceladas y permiso para los varilargueros. "Qué no lo piquen" dijo aquel, y lo oyeron desde el ruedo. Ordenó el extremo cumplir pero sin castigarlo. De lo mejor hasta el momento del festejo los dos pares de Trujillo al cornúpeta. Talavante ofreció la muleta con la sinceridad de unas muñecas desnudas para interpretar perlas de mucha calidad. Pulseó sin afectación alguna, corriendo la mano tan suave como la lluvia que desprendía el cielo hispalense. Lo mejor vino con la diestra y nada con la siniestra puesto que se venía al cuerpo el tercero de la gris partitura. Oficio y tesón sin nada más que decir. El sexto fue otra cosa parecida. Este no tuvo la viveza de su hermano quinto. Viaje corto, al que hay que añadirle las escasas ganas de embestir. El cierraplaza no ofreció nada, ni siquiera para estar mal con él y es que los mulos con cuernos nunca han embestido, ni con 50 kilos, ni con 626 como el desastroso último.

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