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Morante: “Uno nunca quiere defraudar a tantos fieles”

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EMILIO TRIGO


Hace tan sólo unos días que José Antonio "Morante de la Puebla” hizo el paseíllo en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, inmersa ésta en el Domingo de Resurrección. Antes de las tres tardes que le quedan al torero cigarrero por torear en la Feria de Abril, CULTORO ha querido estar cerca de un torero que es, en la actualidad, la sevillanía más pura en su concepto taurómaco. Hablamos con él.


Ya pasó el Domingo de Resurrección y esa primera toma de contacto con la afición maestrante, ¿qué sensaciones le han causado este día?


Bonitas. Cuando se va uno con un triunfo se va más contento, pero creo que fue un día serio, como suele ser de costumbre. Los Domingos de Resurrección no suele haber mucha algarabía, con un público muy elegante, con una plaza repleta… y a la corrida le faltó, a mitad de faena, venirse arriba. Se vieron cosas interesantes pero no se remataron, porque en ese momento clave el encierro se vino abajo. Estoy contento y preocupado por las tres que vienen, a la par que ilusionado, pero con la preocupación de que salga algo verdaderamente bueno.


Supongo que será una responsabilidad y satisfacción importante saber que la Sevilla taurina lo espera constantemente, el saber que la plaza se va a llenar. Eso supongo que será un compromiso interior muy grande.


Sí, un compromiso grande. Cuando no salen las cosas del todo, también uno se preocupa por todo. Uno no quiere defraudar a tantos fieles. Cuando salen bien, esa responsabilidad se lleva con gusto, con alegría, pudiéndola compartir de una forma amistosa con todos. Cuando las cosas salen regular, es una preocupación porque uno intenta ver el momento de sobrepasar esa tibieza a través de la emoción del arte, que es lo que me gusta. Eso no es fácil de llevarlo preconcebido.


Dentro de ese concepto artístico que ha llevado siempre a gala, hay matices nuevos. Hay una nueva búsqueda de un nuevo registro que siempre sorprende.


Creo que mi carrera ha ido en ascenso. Hoy gozo de más cartel que nunca y eso es difícil, porque hay que seguir manteniendo un año tras otro la ilusión en el aficionado. Y esa ilusión se mantiene a través de la sorpresa, de crear cosas nuevas, de que esa profundidad vaya a más… un conjunto de cosas que no es fácil tener como persona, por lo que siempre tengo que dar gracias a lo divino porque eso pertenece más a una cosa de nacimiento que algo aprendido.


Todo influye. El estado de felicidad, de tranquilidad, el matrimonio conseguido a través de Sevilla…


No te creas. A veces los peores momentos te salen las mejores faenas. Lo que sí me gusta es ir con la predisposición alegre, vestido de torero. Eso es lo más difícil para mí y es lo que más intento. Una vez que puedo llevarlo a cabo, pertenece más al toro que a todo lo demás. Uno lo que intenta es predisponerse y después el toro es el que va dictaminando el curso de la navegación.


Dentro de un año muy bonito, hay fechas y momentos a resaltar. Uno de ellos es compartir con el maestro Pepe Luis Vázquez. El arte hay que juntarlo.


A uno le gusta ver torear bien y Pepe es un torero con una sensibilidad muy fina. Como el cristal de bohemia que con nada se parte. Mi intención y preocupación es que el público lo pueda ver con un toro bueno para que se quede para los restos. Tiene una edad y no quisiera que se perdiera esa esencia en el olvido o en el rincón de unos aficionados íntimos que lo conocemos. Sino que se dé a conocer porque creo que el toreo necesita de esa sensibilidad propia de un torero con una sangre y un aprendizaje sin igual.


Volver a Madrid. También se le quiere.

Madrid es un revuelo. Para bien y para mal. El volver a Madrid me llena de preocupación al igual que Sevilla, pero sé que tengo muchos fieles que van a verme con mucha intensidad y ojalá pueda darle lo que ellos sueñan. Es una plaza muy difícil, pero voy a ir con toda esa intención de poder desarrollar todo lo que llevo dentro. Son plazas importantes para dejar historia. Madrid y Sevilla son las dos en las que el escaparate está más a la vista de público.

¿De apoderados todo bien?

Estoy contento. Cuando me apoderó don Alberto lo que más ilusión me hacía era que lo iba a ver poco. Me gusta estar solo, no tener muchos problemas de apoderamiento, de una persona que te esté hostigand y acompañando a todos sitios. Se lo comenté a él.

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