Plaza 1 quiere ir más allá en la promoción de la Tauromaquia y la difusión de su imagen que un cartel en la esquina (olla en la cocina) y limitarse a dos horas y media de derechazos y naturales, en el mejor de los casos.

LA GRAN GALA Y LA ESPANTÁ DE CIFUENTES

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editorial programa "la divisa" desde el 6 marzo al 13 marzo 2017

PEDRO J. CÁCERES




LA GRAN GALA


Y lo fue. Grande, grandiosa y grandilocuente. Tan impresionante la puesta en escena que su desarrollo dejó sensación de ir de más a menos (todo es manifiestamente mejorable).


Lo importante es que se inicia una etapa en que la imagen corporativa del toreo da la impresión de ser compacta y que Plaza 1 quiere ir más allá en la promoción de la Tauromaquia y la difusión de su imagen que un cartel en la esquina (olla en la cocina) y limitarse a dos horas y media de derechazos y naturales, en el mejor de los casos.


Nadie echó en falta a la Propiedad del inmueble porque más vale solo que mal acompañado. Pero los “cobradores del frac” de la Comunidad de Madrid pegaron una “espantá” que delata su impostura verborreica cuando se declaran, no ya taurinos,

defensores de la Fiesta.

La pírrica representación encarnada (como la cara –color- que debió de tener toda la noche por la deslealtad de sus superiores “padrinos”) por el Gerente de Asuntos Taurinos mereció un ninguneo sin que nadie reparase en ello.

En los prolegómenos extrañó la ausencia de coches oficiales y más en el “paseíllo” de la alfombra azul - ¿por qué no albero? - hasta llegar al “fotocol”.

Pocos repararon en ello, entre otras cosas porque en “peticomité” todos convenimos que a esta gente no le importa más que hacer caja a costa del toreo.

Quizá empezamos, algunos, a entender su inapreciable (que no se apreció) ausencia cuando para abrir plaza salió a escena el grupo musical de moda: Taburete.

¿Por qué? Pues porque en tal conjunto toca el hijo de un tal Bárcenas.


Felicidades a Plaza 1, que ahora tiene el reto de repetirlo año tras año y rizar el rizo en otra gala de resolución al final de temporada con proclamación de triunfadores, cuestión más complicada para reunir a todas las figuras que no lo hayan sido por cosa de los celos.


Y aquí me viene a la memoria el dicho “todo está inventado”, pues me recordó mucho a los más de una docena de años interrumpidos de la Gala “Caché” y por lo que me toca experimenté una sensación de nostalgia, pero también de reconocimiento a los hermanos García Pulmariño, principalmente a Ginés (que Dios lo tenga en la gloria, ya que no está en la memoria de lo que se llama “el toreo” …yo tampoco, creo)


Quizá ese subconsciente permanente en mi rebelión contra la frágil memoria taurina y la añoranza de tiempos pasados, que no tienen por qué ser mejor, pero a veces coinciden, ante la nueva etapa de Las Ventas y el desembarco de Simón Casas –conociendo su vanguardismo- me atreví a esbozar una posibilidad en el editorial de “LA DIVISA” del pasado 9 de enero.

Les dejo los últimos párrafos de aquella reflexión retrospectiva que “a su forma” tomó cuerpo el pasado miércoles 8 de marzo.


Utopías: Si los toros fueran futbol

(Editorial programa 09.01.17 y revista “LA DIVISA” del 13.01.17)

Un escalafón de, al menos, 50 nombres que dan para que el propio sector se auto promocionara dentro de la competitividad y la rivalidad.

De esta plantilla salen para hacer dos o tres galas similares a los “goya”, “balones de oro”, “sorteos de champion” etc.


Ahí tiene Simón Casas mimbres suficientes para hacer una gran feria, pero algo más… como pudiera ser un acto televisado de presentación de un muy atractivo San Isidro como los mundiales de futbol, con la presencia de todos y su gran “alfombra albero” precediendo al “fotocall de flash y oro”.


Pero faltaría lo esencial que distingue a los toros del futbol: la competencia, el todos contra todos en fases y las grandes citas de enfrentamientos entre los de arriba en las últimas rondas selectivas.

Faltarían los bombos, las bolitas, y las manos inocentes de las grandes figuras del toreo retiradas que han sido y siguen siendo referencia.


Pero la endogamia y la estabulación del sistema taurino se choca con la apertura y reciclaje constante del futbol.

Una utopía: si los toros fueran como el fútbol “a lo peor se empezaban a llenar las plazas”.

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