La figura nace, crece, se supera y nunca muere; hacen época. Y Ponce, Morante y Juli este fin de semana han firmado su renovación. ¿Por cuánto tiempo? Eso ni ellos lo saben

LA EDAD DE ORO DEL TOREO

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EDITORIAL DEL PROGRAMA LA DIVISA

6 FEBRERO DE 2017


PEDRO J. CÁCERES



LA EDAD DE ORO DEL TOREO


La figura nace, crece, se supera y nunca muere; hace época.


Dicen, y acuñan como dogma (incluso de fe) que Joselito y Belmonte, tanto monta-monta tanto, encarnan la Edad de Oro del Toreo; siempre me negué a asumirlo. Al fin y al cabo, suman 2.

Luego, Domingo Ortega, Marcial, etc. Poco más…la legión azteca con mando en plaza.

Manolete, Arruza, Pepe Luis, Luis Miguel…el elenco de figuras va creciendo.

Es a partir de los 60 cuando empieza el esplendor en calidad y también en cantidad que es la que propicia rivalidad: Ordóñez y Luis Miguel como Litri y Aparicio a los que se les unen El Cordobés, Camino, El Viti, Puerta, Ostos y más.

Gran generación que alcanza su culmen cuando, maduros, se mestizan con jóvenes: Palomo, Manzanares, Ojeda, Paquirri, Teruel, Ortega Cano, Roberto, Robles, Capea, Dámaso, Ruiz Miguel la segunda juventud de Antoñete y Manolo Vázquez y el arte sempiterno, sin entrar a competir, de Curro.

Estos a su vez confluyen con la hornada de los Espartaco, Muñoz…y más tarde Ponce, Joselito, Rincón, Jesulín, Finito, Caballero…cosecha de los 90.

Luego se suman José Tomás, Morante, El Juli y los valores de transición entre el siglo pasado y principios del siglo XXI como Castella, Perera y demás.

Entran Manzanares, Talavante y compañía hasta los López Simón y Roca Rey emergentes de hoy en día con los recientemente alternativados pisándoles los talones: Marín, Garrido….

Perdón a quien me haya olvidado, pero escribo de memoria y aleatoriamente, también apresurado por cerrar edición, sé que hay muchos más; la lista sería interminable.



En definitiva: más de medio siglo de verdadera “edad de oro del toreo” sin solución de continuidad… salvo la reciente fase de ausencia de valores alternativos a las figuras entre 2005 y 2015 y la comodidad de estas (las figuras) que, junto con la crisis económica, repercutió en una década conformista, sí, pero que se presta a confusión ya que las figuras estaban y están ahí como se viene demostrando desde 2015 en que llegan jóvenes con verdadero empuje.


Otra cuestión es la devaluación, por necesidad -en esos dos lustros, y algo antes también- de encumbrar a la categoría de figura a toreros (buenos toreros y con momentos relevantes) necesarios en todas las ferias pero que al final de su camino tiene ese reconocimiento, que no es poco, pero no marcan una época.



El fin de semana en la Monumental de México y ante la avalancha contenida de jóvenes valores prestos y dispuestos a retirarlos, Ponce, Juli y Morante pusieron sobre el tapete cuales son las condiciones necesarias para ser considerado, no hoy, que también, sino con el tiempo, una figura del toreo; marcar una época.

Un tiempo que para Ponce supone dicho status durante más de un cuarto de siglo.

Para El Juli: a punto de cumplir las veinte temporadas en gran figura y Morante consolidándose como tal en los últimos tiempos y a punto de cumplir 20 años de alternativa.

Pero lo relevante hoy es que pese a su antigüedad a ninguno de los 3 se les atisba techo pese a su longevidad en el escalafón.

Eso es marcar una época que abarca varias para poder afirmar que la Edad de Oro del Toreo que comenzó en los 60 continúa hoy, y visto lo visto asegura unos años más como poco.

La figura nace, crece, se supera y nunca muere; hacen época.

Y Ponce, Morante y Juli este fin de semana han firmado su renovación.

¿Por cuánto tiempo? Eso ni ellos lo saben.

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