Lunes de resaca: La desgracia del animalismo

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La desidia del animalismo y la permisividad social y política ante este problema ha llegado a un nuevo límite insospechado: "Carmen”, una vaca que fue "salvada” del matadero hace dos años por el "Santuario de Animales Wings of Heart”, en Madrid, se ha vuelto a librar por segunda vez tras dar positivo en tuberculosis.


Y morirá de vieja por encaprichamiento no sólo de aquellos adoradores de animales e irrespetuosos de la raza humana, sino de un Ministerio que ha permitido que se realice esta hecatombe. Tras la reunión con la Consejería de Medio Ambiente, consiguieron que no se le aplicase a Carmen la normativa de animales de granja, sino la relativa a los centros de rescate de animales, lo que crea un terrorífico precedente: ningún animal que enferme en el Santuario será sacrificado.


Ahora bien: ¿Tener una Carmen en cada ganadería –con el tirón mediático y social que ha tenido esta vaca, trasladado a nuestro campo- supondría un problema (económico, que no ecológico) menos para el sostenimiento de los festejos, sobre todo en los pueblos? Por supuesto. Menos cargas directas al ganadero, más ejemplares a lidiarse; así de claro. Y si no se tienen que consumir, no se consumen. Y más y mayor marketing de la ecología taurina.

60 000 firmas, ni más ni menos, que se recogieron en 24 horas para salvar a la vaca por una sociedad enferma y sin rumbo. Y lo peor de todo: sin timón moral que le haga ser coherente en la vida de aquellos que firmaron porque muriese de viejo el animal mientras se jalaban su york de lata en el almuerzo.


Lo podemos hacer los taurinos: sólo necesitamos el mismo marketing que esta panda ha demostrado tener. Y nosotros, cada aficionado, contribuye de forma directa o indirecta al sostenimiento económico de una entidad como la Fundación que por estos lares es la que mejor se maneja.

Y en vez de matadero, le damos vida brava en un tentadero a unos animales que serán apuntillados con nocturnidad. Digan lo que digan, el estoque es su final. El más justo. El que merecen.

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