Sólido I. Vicente con buena expresión en el 1º y esfuerzo y entrega estéril de Esaú en el 6º

La espada de Eduardo Gallo le priva de un triunfo mayor que dos ovaciones

|




MARCO A. HIERRO / FOTOGALERÍA: LUIS SÁNCHEZ OLMEDO



Madrid. Toros de Lagunajanda / I.Vicente (Ovación y Silencio) E.Gallo (Ovación y Ovación) Esaú Fernández (Ovación y Silencio)



1º.- 

Con mucho gusto y suavidad lanceó Iván Vicente al primero, de buena hechura y fuerza justa, que se le vino por dentro en una arrancada, más por flojedad que por malicia. Acudió al caballo con alegría, pero perdió las manos al chocar contra el peto. Brilló por ajustadas chicuelinas Eduardo Gallo en el quite, rematado con una torera revolera. Sobresaliente fue el inicio de faena del de Soto, que dejó muletazos por ambos pitones de gran suavidad, pero exigió un punto de más al buen toro en un desmayado final de muchos kilates. Sólido y gobernador a diestras, con el animal humillando lo que podía y embistiendo hasta el final. Bajó el trasteo a zurdas, por donde no era igual el toro. Volvió a la diestra con decoro, pero ya no había el mismo fondo. Medía estocada tendida precedió a la ovación.


Al segundo le faltaba un mes para cumplir los seis años y se empleó muy poco en las verónicas al ralentí que le dejó Gallo, esperando mucho la llegada dormida. Muy endeble el toro, perdió las manos en el quite por gaoneras de un vertical Esaú. Importante estuvo el charro con el feble animal, al que esperó una barbaridad en el costoso primer tramo. Le buscó la inercia en el inicio, templando la calidad sin fuerza al ralentí, arrancando los olés y midiendo mucho cada serie. Ofreció distancia, no tuvo prisa para irse a la cara y ese tiempo fue crucial para crujirlo después al natural, sin ligazón, pero con el pecho ofrecido y el vuelo volando muy largo. Pinchó antes de la estocada sobre el aviso y allí se quedó la más que probable oreja. Ovación rotunda.


3ª.-

A la puerta de chiqueros se fue Esaú a recibir al tercero, con más visa que los dos anteriores y con calidad para deslizarse en las verónicas posteriores, yéndose suelto para que volviese a recogerlo el sevillano con una larga cambiada de rodillas. Vino mejor que se fue el toro tras el caballo, en las chicuelinas templadas de Iván Vicente. Muy quieto esperó Esaú la llegada del toro en el inicio, pero pronto quiso exigirle por abajo y le exigió el público a él el perfil. Ahí cambió el concepto y fue capaz de soplarle naturales de muy buena fábrica. El final entre pitones y la estocada desprendida precedieron a la petición de oreja, que quedó en ovación.


Quiso estirarse con clase y con cadencia Iván Vicente para lancear a la verónica la llegada del serio cuarto, al que tuvo que pegarle chicuelinas cuando comenzó a quedarse corto y a aburrirse de embestir. Metió los riñones con espectacular brío en el penco. En la muleta no tuvo mala clase el de Lagunajanda, pero le faltó raza para mantenerse en los finales y no rajarse a medio trasteo. Quiso torear Iván y esperó las llegadas, ofreció con fe y tuvo la voluntad de andar por encima, pero no fue capaz de mantener en la muleta al toro y, con él, el interés. Dos pinchazos y una estocada dejaron la valoración en silencio tras aviso.


El castaño albarda que hizo quinto no metió mal la cara en el percal, pero le faltó ritmo y recorrido para que pudiese estirarse a la verónica Eduardo Gallo. Derribó el toro con facilidad a la cabalgadura. Y supo Gallo sacarlo a los medios, ofrecerle la media altura y darle ceñido ralentí al trasteo, al que le faltó transmisión porque fue lo que le faltó al toro. Hubo muletazos extraordinarios con la mano derecha, empacado en los embroques y aplastado en la arena el charro, pero faltó empuje para romper. Cayó muy baja la espada al perder una mano el toro y en ovación tras aviso quedó el premio.


De nuevo se fue Esaú a la puerta de chiqueros a recibir al sexto con larga cambiada de rodillas, con delantales de facilidad arrebatada al brío inicial del castaño. Empaque tuvo el quite a la verónica de Iván Vicente. En la muleta tuvo disparo y aspereza el rebrincado animal, que suplía con genio la falta de raza. Faena de arrestos y de coraje de un Esaú siempre al ataque que soportó reposiciones, remontadas y caras sueltas y terminó metido entre pitones. Una estocada caída terminó con la función para escuchar silencio tras aviso.

Sin comentarios

Escribe tu comentario




No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes. Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.