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Un poema en veinticinco muletazos fue lo que Juan del Álamo expresó en el tercero para cortarle la oreja al de Pedraza; sin suerte un Escribano con altibajos y el valor ojedista de Juan Leal

"Técnicamente perfecto, pero torear no sabes"

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JAVIER FERNÁNDEZ-CABALLERO / FOTOGALERÍA: LUIS SÁNCHEZ-OLMEDO


Sonó a grosero. Sonó a chulesco. Sonó a ordinario. Sonó a mala leche. Lo que te dijeron, Juan, desde el alto tendido, fue lo que la mayoría no pensábamos pero algún despenado al que en su casa su señora no le deja ni rechistar se atrevió a rechinarte a ti, que más que tu futuro te estabas jugando el bofe. Y sí, es justa esta bola porque es la forma perfecta de explicar que lo que allí se estaba gestando era un poema en veinticinco muletazos. Me explico.


Juan quiere ser el torero que Madrid quiere que sea. Y no porque eso conlleve trastornar su personalidad, sino porque eso lleva incluida la Puerta Grande que hoy tampoco tuvo dentro la caja hueca de Pedraza. Porque el rico tiene la excusa que al tieso le sobra para encontrar la gloria: lo sabe y lo siente el Del Álamo que se anuncia, lo quiere y lo puede el Juan que entrena a diario y lo ama y lo vive el Jonathan de veintitrés años que quiere a su novia y sale de copas con sus colegas. Y la abrirá, seguro.


Para él, escribir un poema en veinticinco muletazos seguramente no sea lo que hoy hizo en Madrid. Espero que no duerma contento Juan porque a todos no convenció. Y lo espero también porque la meta de los héroes históricos va más allá del conformismo que siempre se sacia: hoy Del Álamo le escribió un poema más, en veinticinco muletazos de Castilla, al libro de la vida con el que ha ido cuajando su destino de héroe en potencia. Eran las ocho y cinco de la tarde cuando el repujo de Robles, la legión maestra de Viti y la chulería del Juan José al que brindó se fundieron para iniciarle faena al Pedraza.


Hoy, que el poema no está de moda porque es repipi es para amanerados, un torero que anda parsimonioso, ríe poco y muesca mucho mostró el veneno que lleva en el alma cuajando en verso a ese tercero de Pedraza. Por romances versó en la primera tanda, por liras se fue en una segunda de tez relajada y cuerpo erguido, tercetos recitó en la siguiente y se fue por sonetos en una última de catorce segundos. Todas por la diestra, que por la zurda no se escribe derecho. Tenía ya veinte. Le faltaban las bernadinas del epílogo y el plumazo final. Ese hizo el veinticinco que puso en sus manos el medio laurel. El otro medio tendrá que esperar, pero llegará.


Quiso la encina charra hacer un poema con veinticinco muletazos para fijarse en todos y cada uno de los que le pidieron la oreja en la vuelta al ruedo. En todos. To-dos. Los miró fijamente. Entonces estuvo segura Madrid de que cuando hay tanta verdad, el fruto tiene que reventar por algún lado. La excusa de Pedraza le valió a Juan como billete único para conseguir el sueño a medias. Y ya van ocho…


El Escribano que se fue a chiqueros no es ya el del "Datilero” que ansiaba todo: es más. Y eso es lo bueno de la evolución, porque quiere el de Gerena repetir junto a Taurodelta el medio centenar de festejos que Blanco le firmó en 2015, y la única fórmula para alcanzarlo es arrimarse como un perro a los chiqueros cada tarde. A pesar de que luego no se temple muleta en mano, como le ocurrió en el cuarto, pero justifica sus tres tardes en mayo…


Por contra, el bueno de Juan Leal contrarrestó su rostro de inocente con el miedo que al tendido hizo pasar en el sexto, su cabellera de ángel bueno con el espeluznante ojedismo entre los dos puñales de ese toro. Le queda por luchar al francés: lo primero, para que su nombre no se olvide más allá de esta tarde. Por desgracia hoy no puntuó, y o se rueda en las duras galas o le toca la lotería, lo repiten y le sale bien en Madrid. Dios dirá.

¿De lo de Pedraza? Una corrida ni mala ni buena: una corrida tonta. El tercero dio lustre a la ganadería porque tuvo recorrido, prontitud y bravura por el derecho, se venía de largo y cuando le obligó lo consintió. Además tuvo durabilidad, pero fue fachada de la caballada que Uranga trajo con el objeto de tapiar la carne de peto de hace un año.


Y es que si mirásemos con piel de artistas lo que hoy ocurrió en Madrid, seguramente a Juan no le hubiese gritado el tendido lo que le gritó. Aquello fue clavo ardiente sobre el corazón de un joven que no se cansa de pegar y pegar por conseguir ir caminito de Alcalá bajo el cielo de Madrid. Llegará, Jonathan; hoy se quedó –y van ocho- a medias el Del Álamo más poeta.


FICHA DEL FESTEJO


Plaza de toros de Las Ventas. Tradicional corrida de la Prensa.Más de media entrada.

Seis toros dePedraza de Yeltes: zambombo y largo el deslucido primero, pasador sin más el segundo, bueno por el derecho el tercero, desfondado un cuarto que solo duró una tanda, a menos el grandón quinto y tornado en peligroso a menos el sexto.

Manuel Escribano, palmas y silencio.

Juan del Álamo, oreja y palmas.

Juan Leal, que confirmaba su alternativa, silencio y palmas.



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