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Grandeza, miseria y sentencia de Juan Belmonte

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Mi historia de hoy va de grandeza, miseria y sentencia de Juan Belmonte.


Grandeza la de Felipe González, más que un Presidente de Gobierno, un estadista. De él es la frase “los ex presidentes somos floreros que lo mejor es ponernos en un lugar discreto para no estorbar”.


González ha enredado poco, o nada desde que dejó la presidencia, y casi siempre que ha salido a la palestra sin renegar de su partido y, lógico, a veces arrimando el ascua a su sardina, ha sido de forma sensata y conciliadora.


Ahora vuelve a la primera línea de la actualidad por su decisión de defender a los líderes políticos venezolanos represaliados por el régimen chavista del chofer de autobuses Nicolás Maduro.


Grande Felipe


Contrasta con la miseria de zascandil impenitente de Zapatero, que se mueve más que un garbanzo en loa boca de un viejo. El último episodio es parecer el abogado defensor, va de abogados la historia de hoy, de Podemos a los que tilda de “socialdemócratas” y los halaga en contra de los intereses del partido socialista. Quizá por los servicios impagables que los “nazarenos” (color de su enseña) hicieron en su día con las movilizaciones tras el trágico 11.M, tanto que se la apuntó Pablo Iglesias, golpe de estado civil que le dio una presidencia inopinada días antes; y sin duda, y los continuos movimientos desestabilizadores al llegar al gobierno el PP a partir del 15 embrión de lo que hoy es Podemos.


O también, puede que se haya manifestado así por su grandiosa mezquindad como contrapunto a su indigencia intelectual.

¿Cómo dejó España y el PSOE este individuo? ¿Cómo su deterioro leal y moral?


Y aquí entra el gran Juan Belmonte cuando le preguntaron por una época del toreo que abocaba al desastre….

¿Cómo se llega a todo esto? “En degenerando, hijo, en degenerando”.

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