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San José y Día del padre

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Mi historia de hoy va de hoy. 19 de marzo. San José y Día del Padre.


Un San José capado por una meliflua administración abducida por lo laico propiciando el albedrío para que lo que siempre fue una Fiesta Nacional ahora, además de Valencia, la discrecionalidad competencial de las comunidades autónomas ha reducido su carácter festivo a unas pocas regiones : Madrid, Murcia, Navarra, País Vasco y la ciudad autónoma de Melilla; además de Toledo capital.


12 comunidades de 17 obvian San José más la ciudad autónoma de Ceuta. Los gallegos se la llevan, la fiesta a mañana, por aquello de propiciar un puentecillo.


En un país preñado de Joses, Pepes, Pepitas, relegados de su onomástica por razones laborables siempre les queda el consuelo de la trampa que la propia administración ha patentado con otras fiestas: trasladar la celebración al fin de semana, principalmente, el domingo. Ya lo acuña el dicho “todos los santos tiene octava”.


Peor lo tienen aquellos Pepes o no Pepes que además son padres. Y no solo porque los hijos se apresuren a un wathsapp antes de mostrarles su cariño en el almuerzo correspondiente, el día que toque, en aquellas comunidades que pasan de San José sino algo más terrible que alcanza, día festivo o no en su zona, a multitud de padres que no reciben ni siquiera ese sms y menos disfruta separadas de dichos padres en una manipulación impune de los hijos sin importarles sean al final las víctimas inocentes.


Claro que la culpa en última instancia no es de la bilis anti paterna que destile la mamá sino de una justicia que lo propicia. Y no respiro por ninguna herida, menos a estas alturas con hijas mocitas y casaderas.


Esto, como otros asuntos de esta justicia que escandalizan solo tendrá arreglo cuando muchos de los justicieros sufrieran en sus carnes por tales circunstancias la desafección filial.


O a lo mejor, tampoco visto lo visto, donde, parece que el vestir puñeta en la bocamanga, en esto y en otros casos, aunque de hijas e hijos se trate -incluso los suyo- impregna carácter de insensibilidad humana.


O que se apañan con los retoños postizos de sus nuevas parejas. Pero el “papá” no suena igual, por mucho juez que se sea.

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