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Toreros madrileños sin perritos que les ladren… Uceda, Abellán, Tejela

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Toreros madrileños sin perritos que les ladren… Uceda, Abellán, Tejela Escuche el análisis general de Pedro Javier Cáceres


Lea el análisis de los últimos 7 días en San Isidro

La semana isidril abrió con dos chapuzas: la corrida inválida de Peñajara y la novillada remendada, en feo, deprisa y corriendo del menos a menos (versión cutre del mano a mano) Guadaira-Montealto...


El domingo salieron al ruedo 11 toros, cinco como sobreros; seis hierros. Imposible hilvanar nada, ligar festejo menos. Inédito Víctor Puerto, tremendo de valor Alberto Lamelas y una más que digna actuación de Eugenio de Mora que en el que medio se dejó, 5º bis de La Rosaleda, tuvo que cortar la oreja que se mereció y el presidente le negó.


Bueno en tardes tan plomizas como la relatada el quite de una oreja, además de al torero, se le esconde al público que la toma como bálsamo.


La anunciada novillada, salvo un ejemplar de cada hierro, fue una corrida de toros de gache.


Por grande, mal hecha, fea, mansa y desagradable. Destaca la responsabilidad de volver a Madrid de Román, sin hacerle falta, y la capacidad de sufrimiento de un proyecto muy firme y figura de los novilleros; la evolución de Gonzalo Caballero merecedor de mejor trato y un Posada de Maravilla que necesita otros mimbres para hacer su cesto.


Íbamos camino del no hay dos sin tres. Algo ocurrió para que Taurodelta se percatara que el sufrido abonado y el público, por muy volátil y heterogéneo que sea el abono y el aforo de Las Ventas, se estaba cansando.


Desechados varios toros de José Luis Pereda, la honestidad y el orgullo profesional del ganadero (cuando termine la feria habrá que abrir un capítulo para los veterinarios de esta edición) hizo que este no quisiera ratear tres o cuatro toros que habían tenido el plácet facultativo y optó por llevarse la corrida.


Se le encendió la bombilla a la empresa, un acierto, y en su lugar trajo una corrida de Fuente Ymbro. Excelentemente presentada: de Madrid, Madrid, pero en su justa medida; de tipos y hechuras, peso, etc. Nada exagerada. Fue una gran corrida de toros en la que hubo de todo bajo la impronta general de la exigencia y tres ejemplares de buen juego.


El 3º competirá para toro de la feria. Un 1º de muy alta nota, 2º que le faltó romper o que le rompieran.


Uceda preñó la tarde de torería, plástica, personalidad y dijo el toreo en el 1º de arriba-abajo, de dentro-afuera. Falló, si cabe, la medida. La oreja estaba en el esportón antes de la última serie. La estocada mereció un trofeo por sí solo, con el plus de mérito del cabeceo el toro en el momento del embroque. Suficiente su disposición en el agrio y malicioso 4º para no devolver el premio ganado a ley.


Matías Tejela, acostumbrados a apuntar, tan sólo, casi disparó. Su faena tuvo, bajo la impronta del torero de siempre, el clásico, personalidad y generosidad para lucir el gran toro de Ricardo Gallardo en contra de sus intereses sabiendo la catadura de un sector de la ¿afición? de Madrid. De no pinchar hubiera merecido oreja, la duda es si se la hubieran pedido.


Corrida del siglo XXI con aromas de los 60, 70. Pero sin la afición rigurosa pero sabia de entonces. Era cuando esas orejas se cortaban a pares, una estocada era un trofeo por sí mismo, y un pinchazo da visa para una vuelta al ruedo, con la que muchas veces, en es época dorada, se daba una vuelta a España.


Curro Díaz tardó en aprovechar el inicio del 2º para romper y el 5º junto con el 6º fueron toros de poco combustible.


Tarde de banderilleros y un picador. Ángel Otero estuvo superior en el 6º y en los dos pares. Su exposición y garra, con pureza, provocaron, quizá, de las más fuertes ovaciones de la tarde. Montoliú en el 2º llenó el vacío de los dos primeros tercios. Antoñares en el 4º, con dos leños de pavor, no se afligió y resolvió con majeza. Quizá su sobriedad y lo esaborío del toro le dejaron sin el premio del saludo. Agustín Navarro, a caballo, en el 5º, reivindicó el oro en la chaquetilla de los picadores haciendo la suerte, aguantando y picando arriba, medido.


Tras los parabienes del martes, vuelta la burra al trigo, aquí sí 3 de 3. Las decepciones de la de Baltasar Ibán, la destartalada de El Pilar para el festejo estrella de la semana y la complicadísima, áspera y difícil de Montecillo.


La de Ibán solo lució el 1º para el torero, y el 2º para el público (por su movilidad engañosa, nervio violento por raza). Tarde en la que Fernando Robleño anduvo compuesto en ese 1º, Luis Bolívar hizo el esfuerzo con el 2º y Rubén Pinar no tuvo opción como sus compañeros el resto de la tarde.


Las mayores ovaciones fueron, como la tarde anterior, para el banderillero Ángel Otero y para Bolívar por un quite de peligro al subalterno Cervantes.


La presencia tan desigual, en fea, altona, gayumbona, mucha carne poco cuerno y algunos sin culo de El Pilar engulló la calidad sin fuerza de 3 toros.


Al 1º Castella lo toreó a favor del animal, estuvo por encima, pero –salía de una cornada días pasados y hay que agradecérselo- no transmitió disfrute. Tampoco podía transmitir gozo al ser muy molestado por la revienta en otro declarado día del club en el que iban descaradamente por Manzanares.


El alicantino tuvo, sobre la base de su controvertida tauromaquia, la virtud de hacer durar al toro más de lo que apuntó de salida, ya rajado. Toreó en línea, con espacio, taloneando para ligar y quedarse en el sitio, que no es el que quiere la peña.


Otro activo es que no se dejó influir por los continuos reproches y fue a los suyo. Gustó a su público y disgustó a los intransigentes que haga lo que haga no van a cambiar el criterio.


La ocasión perdida fue la de Talavante, fuera de muchas ferias, y que si la espada le traicionó la tarde anterior, en ésta no terminó de cuajar, aún estando bien, al potable (en feble) 3º que además lo pinchó.


Pese a tener el público a favor en el 6º debió de hacer un esfuerzo superior, fuere lo que fuere el t oro, para arreglar su situación. Esperemos que en la Beneficencia lo consiga.


Dura fue la de Montecillo. Pero al menos el jugarse la vida tenía el premio del reconocimiento. Lo hicieron los 3: Abellán, Ureña y Adame. Con el madrileño y el murciano al hule.


Abellán salió como D. Miguel recordando a Miguelito, aquel que, de novillero, no se conformó con tener la Puerta Grande abierta sino que largas cambiadas, arrojo, jugársela, logró reventar la puerta, que es un grado más que abrirla.


Ureña no desdijo su proyección conocida, lo pagó caro pero tendrá su premio. Y el mexicano cierra una feria en que ha saldado un notable alto por su entrega, decisión, técnica y amor propio. No se conforma con ser el mejor americano, quiere ser figura.


Y, por fin, un rejoneador salió en hombros. No fue Hermoso de Mendoza que deleitó en su primero y dejó su caché en el 4º. Ni la novedad de un apellido ilustre como Manzanares, que anduvo a la altura del festejo y ha sido el mejor de los 3 confirmantes.


La PG la abrió Sergio Galán, y con esta hacen cinco en Madrid. Su forma de caer en el caballo, su sobriedad, su clasicismo volvió a tener premio en Madrid para avivar conciencias del sistema que le quieren marginar. No salió en hombros con 1 y 1, no, cortó tres; por si había alguna duda.


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