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Venegas encarnado como gladiador romano

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Venegas encarnado como gladiador romano

¡PIN!...a José Carlos Venegas

Por su pundonor y su casta que suplió la falta de oficio para aprovechar más las primeras y profundas embestidas del toro de la confirmación y no ser carne cañón en el peligroso 6º. Pero su paso por Las Ventas sin volver la cara merece no solo el beneficio de la duda, de haber habido otra corrida, sino un voto de confianza.


Y ¡PIN! De honestidad a Fernando Cuadri por su sinceridad, sensatez y bonhomía al reconocer la condición de la corrida y no darse coba.


¡PAN!... a la resignación de Iván García

Se había cuestionado su presencia aquellos ignorantes que desconocían cómo se ganó el puesto en San isidro una tarde de verano. Sin lote posible sí justificó el porqué de estar en la feria: dignidad y oficio para estar por encima de su lote.


Y, aún sin estar redondo (el segundo pudo ser más exprimido) un ¡PAN! de reconocimiento a la generosidad de Javier Castaño que, en contra de sus interesas, ha cebado al lechoncillo con el protagonismo de su excelente cuadrilla tocándole pagar los platos rotos en la corrida que no se preste a tal, como ocurrió en los caballos (Sandoval, inédito) y el espejismo de las banderillas de Sánchez y Adalid que tuvieron que tirar de experiencia. Tampoco Marco Galán tuvo productos para desarrollar la pureza de su lida.


¡PUM!... Petardo . Más bien mascletá

A aquellos que en algunas tardes pretenden hacer de una corrida de toros (se cual sea la condición que estuvieran desarrollando) un tentadero convirtiendo la primera plaza del mundo en un cercado de tientas.


¡Fuego!... a la indocumentación (una tarde más)

Si la obstinación enfermiza por el lugar y la forma exclusiva de picar un toro, sea cual sea su condición, es moneda de uso común en los sectores ilustrados de Las Ventas, con la llegada del torismo la terquedad es patología.


Ocurrió durante toda la corrida, ahí está el ¡PUM! de esta edición, pero en especial en el 6º toro que no se dejaba castigar.


Venegas visto lo visto, la mansedumbre del 6º con enorme poder, el jaco que se niega, el picador que está asustado, intentó llevar el toro al caballo de puerta y se la liaron. Como mal menor llevó al de tanda al 6, se la volvieron a montar, no se atrevió a prolongar el tercio, el Presidente sacó su pañuelo blanco sin calibrar que el toro ¡y qué angelito! estaba crudo.


El olor a cloroformo era aire a respirar y la sombra de la tragedia planeó. No pasó nada más allá de una pequeña brecha en la frente del matador, pero si hubiera habido algo más lamentable ¿a quien se pide responsabilidades?


Foto: las-ventas.com

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