El Ciclón se despide de su tierra a lo grande

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TEXTO: EMILIIO TRIGO / FOTOGALERÍA: SARA DE LA FUENTE

Reaparecía Morante de la Puebla en la feria del Caballo de Jerez de la Frontera en un festejo en el que también hacían el paseíllo José María Manzanares y Juan José Padilla. Se lidiaban toros de Juan Pedro Domecq.

El Ciclón se despidió de su tierra a lo Grande. Oreja para la clase de Manzanares en el sexto y Morante con el peor lote fue ovacionado en el quinto. Corrida de Juan Pedro Domecq, muy torera de hechuras y de correcta presentación a la que le faltó raza y entrega.

El primero de la tarde saltó al ruedo con una plaza a rebosar y con un aspecto magnífico. A ‘Industrioso’ lo recibió Padilla con templado saludo capotero, embistiendo con clase aunque con las fuerzas al límite. Blandeó pero dejó componer. Suavidad en las muñecas del jerezano que se expresó con sentimiento. Una vara para cumplir el trámite. Juan José construyó un variado tercio en banderillas, ofreciendo el pecho y su verdad con los palitroques. El Ciclón con reposo y buen hacer. Brindó Padilla al respetable que se puso en pie por tan bello detalle. Padilla comenzó exponiendo por abajo, pasando al Juan Pedro con criterio y mando a pesar del fuerte viento. Por eso, el astado se coló al quedarse descubierto el diestro que apuntó estuvo de echárselo a los lomos. Padilla lo sacó para afuera directamente a la raya del tercio para comenzar a tejer su notable faena. Una labor donde soltó varios naturales acompasados de buena conjunción ante un toro que la tomaba generalmente bien por ahí, aunque a veces era algo remiso. Juan José con planta erguida prosiguió por ese pitón con la dificulta añadida del viento pero metiendo y tirando de su astado con despaciosidad. Por el inverso, series bien contraídas ante embestidas venidas a menos pero poniendo todo lo que le faltaba a su antagonista. Estocada y oreja.

El de Puebla, salió a por el colorado con garbosidad y ganas de soplarle varios con el capote. Hubo tres y los demás fueron más cantados que ejecutados ante un toro que embistió como su morfología. Rara su acometida en el percal de José Antonio. Una vara de puro trámite y otra vez el puñetero viento como invitado durante el transcurso de la lidia. Llegó el de Domecq sin definir pero con todas las pepeletas de no colaborar y por desgracia así fue. Ni una sola embestida regaló al cigarrero para que pudiera expresarse. Abrevió sin más. Palmas.

El tercero era otra pintura muy similar a sus heAl quinto, Morante le endosó cuatro de cartel puesto que el astado echó hacia arriba molesto para redondear el recibo. El Juan Pedro tenía la manía de echar la cara arriba en cada lance y por ello José Antonio desistió de hacer el quite. Prosiguió todo igual durante la lidia con continuas protestas del astado y para colmo se pegó un tremendo topetazo en el burladero de matadores que terminó de estropear las ilusiones de todos. A pesar de eso lo intento el sevillano sin suerte poniendo todo su saber en la exquisita muleta. Una tanda nos levantó la moral y nos llenó un poco del vacío que teníamos pero sin alimentarnos del todo. Pinceladas exquisitas, delicadeza sevillana con un armario lleno de disposición y raza. Se reencontró consigo mismo y con su legión de aficionados a pesar de que nos quedamos con ganas de mucho más. Con la espada se atascó esfumándose cualquier triunfo. Todo ante un manejable astado que sacó algo de fondo y que le sirvió al de la Puebla pata calibrar sus dulces muñecas. Ovación con saludos

Al quinto, Morante le endosó cuatro de cartel puesto que el astado echó hacia arriba molesto para redondear el recibo. El Juan Pedro tenía la manía de echar la cara arriba en cada lance y por ello José Antonio desistió de hacer el quite. Prosiguió todo igual durante la lidia con continuas protestas del astado y para colmo se pegó un tremendo topetazo en el burladero de matadores que terminó de estropear las ilusiones de todos. A pesar de eso lo intento el sevillano sin suerte poniendo todo su saber en la exquisita muleta. Una tanda nos levantó la moral y nos llenó un poco del vacío que teníamos pero sin alimentarnos del todo. Pinceladas exquisitas, delicadeza sevillana con un armario lleno de disposición y raza. Se reencontró consigo mismo y con su legión de aficionados a pesar de que nos quedamos con ganas de mucho más. Con la espada se atascó esfumándose cualquier triunfo. Todo ante un manejable astado que sacó algo de fondo y que le sirvió al de la Puebla pata calibrar sus dulces muñecas. Ovación con saludos

Padilla salió arreando fuerte con dos largas cambiadas en el tercio y posterior ramillete de verónicas ganando terreno. El cuarto acometía empujando por ambos pitones como si tuviera un defecto a la hora de colocar la cara. El quite de Padilla fue tan variado como personal y en su tercio de banderillas la lío gorda con tres pares de mucha vistosidad y riesgo. El brindis fue emotivo a sus padres y la emoción corrió por Jerez como hace 25 años. El Ciclón cimentó una faena fiel a su personalidad y estilo donde la entrega y raza fueron sus cimientos. Lo citó de rodillas en los medíos ofreciéndo el pecho sinceramente y enseñando la pañosa con la diestra. Por ahí, hilvanó varias tandas que fueron como circulares donde la exigencia y buen gusto rebosaban en cada derechazo. Padilla estuvo variado dominador y ligando en cada limpia serie. Casi todo lo realizó por el pitón derecho, hasta que el toro quiso rajarse debido a tanta obligación de su matador. Hasta ese momento el Juan Pedro había sido con clase y calidad, y desde luego con la transmisión necesaria para llegar arriba. Juan José también toreó al natural con sumo temple y trazo hondo, sin que nadie notara que el viento era un serio inconveniente. Se rompió el Ciclón en su plaza y su afición lo hizo con él. Media tendida y espadazo sin puntilla. Dos importantes orejas.

Al sexto lo recibió Manzanares con verónicas a compás en un saludo con personalidad. Toro que se cuidó en varas. Manzanares tanteó a su oponente con dulzura, marcando el camino en el viaje por ambos lados. Le abrió los terrenos, le marcó la suavidad en el trazo que la siguiera con bondad pero siempre se encontró con una embestida algo rebrincada y desclasada. Josemari estuvo marcando tiempos en una buena estructura de labor en la que su elegancia y calidad marcó en todo momento, ante un animal muy dispar y cambiante en su embestida. Estocada y oreja.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Jerez de la Frontera. Tercera de la feria del Caballo. Corrida de toros. No hay billetes.

Toros de Juan Pedro Domecq.

Juan José Padilla, oreja y dos orejas.

Morante de la Puebla, palmas y ovación.

José María Manzanares, silencio y oreja. 

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