Épica de Javier Cortés en Las Ventas, corneado tras un faenón de oreja que supo a poco

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TEXTO: MARCO A. HIERRO / FOTOGALERÍA: LUIS SÁNCHEZ-OLMEDO

La tradicional corrida de toros goyesca llegaba, en la tarde de este miércoles 2 de mayo, a la plaza de toros de Las Ventas en un festejo decorado para la ocasión. En el cartel, Iván Vicente, Javier Cortés y Gonzalo Caballero haciendo el paseíllo frente a un encierro de Joselito con los hierros de El Tajo y La Reina.

Lucía el castaño primero pechos y trana como el más cuajado que viera esta plaza, y se le fue por abajo y con ritmo a Iván Vicente para que le ralentiza se las verónicas con mucho gusto hasta una media en el centro del platillo que dejó clara su disposición y su capacidad. Muy despacito, muy empujado lo condujo Iván en el inicio de muleta, torero, cadenciosas, a más en la conexión. Y desde el principio en el toreo fundamental, con la exigencia mínima en la diestra pero mucho gusto, temple y ligazón. Distancia también para buscar la inercia, conducir la arrancada humillada y entregada hasta aplastar se del todo en el tercer muletazo, descargado en los riñones. Una serie al natural resultó rotunda, exigente y gobernadora, con el vuelo de pulso perfecto para que rompiese Madrid. Pero llegó el altibajo después, antes de volver a la senda zurda de gusto y rédito, que volvió a llegar al que paga y pide. Una estocada contraria bastó para despenar al de Joselito y pasear una vuelta al ruedo tras gran petición.

El muñeco melocotón que hizo segundo no fue igual de salida que el anterior. Feble y sin poder, tampoco tuvo el empuje para perseguir las telas que le ofrecían, y sólo un quite por saltilleras de Javier Cortés sobresalió por su verdad, que no por su limpieza. Pero se protestó con vehemencia al toro, que el presidente mantuvo en el ruedo. La misma verdad la mantuvo Cortés para iniciar la faena de muleta con la mano izquierda con un toro que no se había terminado de asentar. Sin perder un paso, sin ceder un ápice, sin renunciar a su gobierno sin ventajas. No fue la faena de los muletazos bellos, pero sí la de los inmensamente sinceros. Siempre en el sitio donde el toro pesa, siempre con el pie que torea oliendo a pólvora. Siempre ofrecido en el rito hasta las manoletinas finales con las que casi provoca un infarto a más de uno. Y todo sin mudar 'la color'. Pero pinchó en primera instancia y el bajonazo posterior lo arruinó todo. Ovación.

El tercero, negro, era toro por dónde lo mirases. Tuvo brío y cierto ímpetu humillado para seguir el capote que le echó por abajo sin exigencias Gonzalo Caballero, quizá preservando la fuerza que las manos por delante delataban justa. Y así fue. Hubo muletazos templados, suaves, estimables en ocasiones, pero siempre pensando en que el toro no se acabase en lugar de crugirlo y a morir por Dios. Porque cuando se aplomó el animal todo resultó aburrido, a pesar de su disposición, y se encontró con los improperios del tendido. Pinchó, además, y escuchó silencio tras aviso.

El castaño cuarto, musculado y prieto de carnes, parecía desproporcionado entre la punta de los pitones y la penca del rabo, pero humilló en el percal de Iván Vicente, sin saber muy bien si quería hacerlo con clase o para cumplir con la arrancada. Así ocurrió también en varas, donde se fue a topar con el caballo de Jesús Vicente para luego apretarle abajo. Espectacular fue el segundo puyazo, más en la distancia y muy toreado hasta que llegó al peto el animal. Celebrado fue también el variado quite de Javier Cortés, con tafalleras, saltilleras, una cordobina y hasta una revolera. Pero se le acabó el fuelle al buey casi antes de empezar, y bastante fue que tuvo la intención de hacerlo bien siempre. Porque el gusto del de Soto fue lo que quedó en una faena en la que también intentó mostrar el valor y la entrega a toro aplomado, para que no quedasen dudas, pero este torero luce de verdad cuando llega el momento de torear. Ovación tras aviso después de la estocada en la cruz.

Alto, largo como un día sin pan y bien armado salió el quinto, con sus seis quintales y medio humillando el percal de Javier Cortés en verónicas animosas, primero, y arrancándose de largo con fijeza para que le sopla se dos puyazo importantes y bien agarrados Juan Francisco Peña. Superior estuvo también Antonio Molina en banderillas, obligado a saludar. Muchos metros le dio Javier al animal, al que esperó en los medios mirando al tendido 7 mientras llegaba para recogerlo al natural en el centro del platillo. Sin ceder un palmo en su propuesta de pureza, pisando el sitio donde no te escapas; y así fue. Al salir de una tanda aplastada y hundida con la mano derecha se enroscó al bicho hasta que tuvo el pitón por detrás del muslo, ofrecido para que se lo hundiese o pasase. Tocó sangrar por el rito y por la pureza, por la verdad del verbo torear. Mientras sangraba Javier le soplaba derechazos de los que no se podía ir, de los que sólo podía triunfar o morir. Cortés pisa el sitio que huele a cera con un temple que asusta y debe recoger su fruto. Lo mató como pudo, pero la oreja cayó, paseada por su cuadrilla camino de la enfermería.

En el sexto sonaba aún el murmullo de la actuación de Cortés cuando salió Gonzalo Caballero a pegarle lances a pies juntos al castaño cierraplaza, pero en uno de ellos, cuando ya remataba, el toro lo cogió por la chaquetilla y lo lanzó de muy mala manera, siendo conducido a la enfermería. Cuando paraban al toro salió Gonzalo de la enfermería para hacerse cargo de la lidia con un torniquete por una cornada en el muslo izquierdo. Y embistió el animal para que le pega se una serie reunida y armónica sobre la diestra, bien embarcada y mejor dibujada sobre la repetición del animal. Más desordenado resultó el toreo al natural, por dónde no encontró Gonzalo el pulso del castaño. Y cuando quiso volver sobre la diestra ya no era el mismo el toro ni la impresión en el tendido. Pinchó, además, y debió conformarse con cariñosas palmas.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Las Ventas. Segunda de la miniferia de la Comunidad de Madrid. Tradicional corrida de toros goyesca.

Seis toros de El Tajo y La Reina. de gran humillación y ritmo el buen castaño primero, mansurrón con fondo el melocotón segundo,aplomado y soso el deslucido pero serio tercero, aplomado y sin fuelle el buey castaño cuarto, humillado y obediente el inmenso quinto, obediente y repetidor el aprovechable sexto.

Iván Vicente, vuelta al ruedo y ovación tras aviso.

Javier Cortés, ovación y oreja.

Gonzalo Caballero, silencio tras aviso y ovación.

PARTE MÉDICO DE JAVIER CORTÉS: Herida por asta de toro en el tercio medio de la cara posterior del muslo izquierdo con una trayectoria ascendente de 20 centímetros que produce destrozos en músculos isquiotibiales, contusión en nervio ciático y alcanza el fémur. Es intervenido quirúrgicamente en la enfermería de la plaza de toros. Se traslada al hospital San Francisco de Asís con cargo a la Fraternidad. Pronóstico grave. Firmado: Dr. García Leirado.

PARTE MÉDICO DE GONZALO CABALLERO: ‘Herida por asta de toro en tercio superior cara lateral de muslo izquierdo con una trayectoria hacia dentro de 5 centímetros que produce desgarro de la fascia lata y músculo vasto interino. Contusión cervical pendiente de estudio radiológico. Es intervenido quirúrjicamente en la enfermería de la Plaza y se traslada al Hospital San Francisco de Asís con cargo a la Fraternidad. Pronóstico: Menos grave’.Firmado: Dr. García Leirado.

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