Dos orejas y una gran entrada el 1 de mayo en Las Ventas

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MARCO A. HIERRO

Una novillada con picadores abría, en la tarde de este martes 1 de mayo, la Miniferia de la Comunidad en Las Ventas. A las seis y media en punto arrancaba un paseíllo conformado por Amor Rodríguez, Pablo Mora y Francisco De Manuel frente a un encierro de Antonio López Gibaja.

Lució presencia y estampa el primer utrero del envío de López Gibaja, que humilló y quiso perseguir tela en el saludo de Amor Rodríguez a la verónica, del que salió, sin embargo, muy suelto. Manseó también en varas, donde levantó la cara hasta la montura y cabeceó con defensiva intención. Por dentro se le vino a diestras a Pablo Mora en un quite por tafalleras que resultó accidentado. Tuvo que construir mucho Amor con la muleta en un primer contacto, pero fue yendo a más el animal en humillación y en recorrido, con la cara colocada en ocasiones y pasajes de toreo despacioso y por abajo. Pero le faltó reunión a lo expuesto, y cuando se epilogaba la obra quedó la impresión de que tal vez uno y otro podrían haber apretado más. Por eso alargó el trasteo de forma innecesaria para encontrarse con un desarme y posterior huida que afeó su limpieza. La estocada fue fulminante y la ovación fue su juicio.

En una medianía templada transcurrió la lidia del feo segundo hasta que llegó la faena de muleta, a dónde llegó sin definir y con el freno de mano muy pronto. No se ajustó con él Pablo Mora, que quiso correr la mano con mucha intención al natural y entonces comprobó que allí estaba el secreto. La seguía el castaño sin gran clase ni poder, pero con entrega para aprovecharla. Pero llegaron desarmes, parones en el ritmo y otras cuestiones que rompieron la reunión del trasteo. La ovación de la tarde hasta el momento llegaba con una serie de manoletinas, más o menos ajustadas, que preludiaban la estocada fulminante y hasta la petición de oreja. Y la concesión de ésta.

Al tercero le aprovechó la movilidad De Manuel para ganarle el paso hasta los medios pegando verónicas de suerte descargada, que llegaron como declaración de intenciones. Como lo fue el tercio de banderillas que firmó el propio novillero con más voluntad y mejor resultado que brillantez. O como el toreo de rodillas con que inició faena para comprobar que embestía con largura y franqueza el negro utrero. Un par de tandas lucieron al novillo a diestras y llegaron al tendido hasta ponerlo de su parte, pero cuando llegó la zurda todo fue más oscuro. Por eso volvió a la senda de la derecha para encontrar la forma de componer, pero no la de cuajar. Aún así, anduvo con cierta gracia y sentido de la lidia para cerrar con ayudados a pies juntos antes de matarlo de una estocada contundente. Oreja.

El cuarto salió desordenado en su actitud y así permaneció hasta que Amor Rodríguez tomó la muleta. Antes había manseado al llegar al jaco y empujado después, se había dolido en banderillas y después había buscado trapo rosa. Y cuando llegó la sarga, la persiguió por abajo mientras por abajo se la dieron, pero no tuvo nunca finales, ni entrega para tenerlos, ni fuelle para soportarlos. Entre eso y su mansedumbre le hicieron pegar oleadas, cada vez más defensivas, que dejaron sin opciones al chaval, que hasta recibió una voltereta al entrar a matar y se puso complicado y andarín para escuchar silencio tras dos avisos.

El quinto, con su caja rematada, su cuello largo, sus dos pitones serios pero sin estridencias y su trana poderosa, fue el mejor presentado del encierro, pero le costó mucho tomar la tela ya desde el saludo de Pablo Mora, donde no pasó en su arrancada recta. Pero embistió despacio en la muleta, tanto que llegó el olé profundo cuando Pablo acertó a pegarle muy lento uno de pecho. Y tardó en entenderlo el chaval, que pecó de bisoño y se desordenó en ocasiones, tal vez fruto de lo que tenía por ganar. Y deslizó muletazos interesantes entre alguna que otra espantada por la tendencia del animal a frenarse y mirar, pero un pinchazo disipó las dudas, porque estando mejor que con el segundo, una oreja más le hubiera dado una Puerta Grande más que barata. Ovación.

Con el cierraplaza pareció repetir la fórmula Francisco de Manuel para pegarle verónicas más animosas que brillantes hasta los medios. Se arrancó al relance el animal al jaco para llevarse un buen puyazo de Jesús Vicente, que fue ovacionado como Ney Zambrano en el tercero. Festivo como el día fue el tercio de banderillas que firmó el propio De Manuel. El inicio, de rodillas en los medios y con el pecho por delante, fue fulgurante y efectivo para que tronase Madrid. Luego apeló Francisco a la tecla de la distancia, la movilidad y la emotividad, viendo que la parroquia colaboraba, a pesar de que llegaban contados los muletazos y sólo en una serie al natural, ya con el toro parado, se asentó de verdad el novillero. Mejor al final que en el inicio. Quiso gustar se en el toreo a dos manos del epílogo, de gran belleza formal, antes de lograr una estocada corta de la que rodó el utrero tras un aviso. El fallo con el descabello arruinó la puerta grande, aunque petición hubo. Vuelta.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Las Ventas. Primera de la Miniferia de la Comunidad de Madrid. Novillada con picadores. Unas 8000 personas en los tendidos.

Novillos de Antonio López Gibaja, obediente y con opciones el interesante primero, de humillación y buen viaje el aprovechable pero feo segundo, con clase, boyantía y entrega a diestras el buen tercero, mansurrón y defensivo con humillación en los embroques el cuarto, con desliz y opciones en su embestida recta el serio quinto, de movilidad humillada sin clase el aprovechable sexto.

Amor Rodríguez, ovación y silencio tras dos avisos.

Pablo Mora, oreja y ovación.

Francisco de Manuel, oreja y vuelta. 

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