León abre la puerta grande el día de su alternativa en Valdemorillo

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FOTOS: LUIS SÁNCHEZ-OLMEDO

La Feria taurina de San Blas y la Candelaria arrancaba sus corridas de toros en la tarde de este sábado 10 de febrero. Frente a toros de Monte de la Ermita para Antonio Gaspar “Paulita”, Pedro Gutiérrez “El Capea” y Miguel Ángel León, que tomaba la alternativa.

Lo primero que demostró Miguel Ángel León el día de su alternativa fue decisión, y de rodillas se fue a recibir a un animal que no fue ni fu ni fa y que tuvo docilidad y también el defecto de soltar la cara con profusión. Entrega y técnica tuvo mucha León, que sacrificó por momentos el ajuste en favor de la ligazón y el ritmo, pero que supo llegar al tendido para cortar una oreja.

Poca historia tuvo el segundo, toro de cara alta y escasa entrega al que le costaba un triunfo tirar para adelante. Paulita, al que la inactividad le permitió poco dispendio de facultades, ofreció remates, pases de pecho de buena fábrica y voluntad de agradar, pero no hubo forma de llegar al triunfo con el animal. Un pinchazo y una ovación precedieron al silencio.

El tercero, que salió con mucho motor y elevó la presencia de la corrida, fue devuelto al derrumbarse dos veces. El sobrero, con el mismo hierro, recibió un castigo correcto en el caballo, después de que lo recibiese El Capea con una larga cambiada de rodillas en el tercio. También de rodillas inició la faena de muleta, donde fue acortando distancias a medida que se acababa el fuelle del colorao, hasta pisar los terrenos de cercanías con el toro ya rendido. Mató mal y escuchó dos avisos antes del silencio.

El cuarto, grandón y bastote, no tuvo clase propia ni dejó a Paulita que sacase la suya. Con la cara por las nubes y topando con los pechos más que embestir, duró poco la sensación de validez. El maño lo mató con brevedad y escuchó silencio.

El quinto fue de largo el mejor de la tarde y anduvo Capea más suelto con el animal, que permitió la entrega que no habían permitido los anteriores. Sobresalió el salmantino en un par de series muy por abajo, muy bienintencionadas y llegando al tendido con más facilidad. Lo mató de una estocada desprendida y paseó una oreja.

Al sexto no le quedaba más remedio a Miguel Ángel León que cortarle una oreja para iniciar su andadura como matador con una puerta grande. Y lo puso todo para hacerlo, con la decisión como base del trasteo a un animal de medio pelo, manso de libro y rajado de solemnidad, que no terminó de definirse en nada. La voluntad y la entrega consiguieron que su tarde terminase en triunfo con una nueva oreja.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Valdemorillo, Madrid. Segunda de feria. Corrida de toros. Media plaza.

Toros de Monte la Ermita, correctos de presencia. Docilón sin clase ni fondo el primero; desclasado y de cara alta el segundo; devuelto el tercero por derrumbarse; espeso y noblón a menos el colorao tercero bis; deslucido y sin voluntad el cuarto; con ritmo y nobleza el potable quinto; rajado y manso el sexto.

Antonio Gaspar “Paulita” (rosa y oro): silencio y oreja.

Pedro Gutiérrez “El Capea” (grana y oro): silencio tras dos avisos y oreja.

Miguel Ángel León, que tomaba la alternativa (corinto y oro): oreja y oreja.

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